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¿Cuándo se inventó la jeringuilla?

  • La invención de la aguja en el S. XIX permitió inyectar medicamentos bajo la piel
  • La desechable de plástico que evitaba contagios llegó en los años sesenta
  • Un inventor español diseñó una jeringuilla desechable hoy superventas mundial

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Jeringuilla del siglo XIX diseñada por Charles Gabriel Pravaz
Jeringuilla del siglo XIX diseñada por Charles Gabriel Pravaz

Hoy en día la jeringuilla es un artilugio imprescindible en los hospitales y centros de salud de cualquier punto del globo. Con ella se inyectan con eficacia y rapidez antibióticos para tratar una infección, vacunas para prevenir enfermedades o extracciones de sangre. Muchos temen las agujas pero ¿imagináis cómo eran las inyecciones antes de su invención?

Hasta la invención de la aguja a mediados del siglo XIX, para depositar un medicamento en el interior del paciente se hacía una incisión y se colocaba una pasta o líquido. Se trataba de evitar esta opción y generalmente se depositaban y o extraían fluidos por el recto y la vagina con las jeringas, el tubo con un émbolo con una pequeña apertura en uno de sus extremos por el que sale el líquido. También para limpiar los oídos o para los lacrimales las que acababan en cánulas finas.

Las aguja hueca la inventaron varios médicos de manera simultánea. Era el complemento perfecto y necesario para adosar a la jeringa. Tiene las dimensiones adecuadas para atravesar la piel humana y poder depositar el medicamento bajo la piel o directamente en el torrente sanguíneo.

Buscando una cura para su esposa

En 1844 el médico irlandés Francis Rynd diseñó una aguja para inyectar líquidos bajo la piel de los pacientes. Una década más tarde el escocés Alexander Wood ideó el ingenio buscando una manera de aliviar los dolores que provocaba la neuralgia a su esposa. Descubrió que pinchando morfina en el nervio que provocaba el dolor este se mitigaba con más rapidez y eficacia. Publicó su estudio en el Edinburgh Medical and Surgical Journal. A la vez, el cirujano francés Charles Gabriel Pravaz ingenió otra aguja que usó por primera vez en una inyección intravenosa para administrar anticoagulantes a un paciente con aneurisma.

Las primeras jeringuillas estaban hechas de metal. Pronto, en 1866, se harían de cristal para que el practicante pudiera ver el volumen y el estado del líquido que se inoculaba al paciente. Con el paso de los años el invento se fue perfeccionando e incorporando detalles que hacían su uso más cómodo para el médico y menos molesto para el paciente.

Estas jeringuillas hipodérmicas se esterilizaban después de cada uso y aun así los científicos documentaban casos de contagios de enfermedades por su uso, entre ellas hepatitis, malaria, polio y tuberculosis. El veterinario y farmacéutico neozelandés Colin Murcdoch desarrolló el primer modelo de jeringuilla desechable en 1956. Estaba tratando de mejorar las que usaba para vacunar animales. Diseñó un modelo de un solo uso que se vendiera ya cargado con la vacuna.

Cuando presentó al Departamento de salud de Nueva Zelanda su idea no tuvo éxito por considerarla demasiado futurista. Años más tarde se vendía en todo el mundo gracias a la empresa australiana Tasman Vaccine Ltd. Las jeringuillas desechables de plástico vacías saltaron al mercado en 1964 con la empresa estadounidense líder en instrumental médicos Becton Dickinson.

La jeringuilla española que revolucionó el mercado

A España las jeringuillas desechables llegaron en 1973 de la mano de Manuel Jalón Corominas, también inventor de la fregona. En ese entonces en España se seguían usando jeringuillas de cristal. Tan solo había algunas desechables en alguna clínica privada compradas en el extranjero.

Este ingeniero aeronáutico convenció al consejo de administración de la empresa de manufacturas Rodex, con la que había comercializado la fregona, para invertir medio millón de pesetas en un estudio sobre las posibilidades de este nuevo producto. Se dio cuenta de que fabricarlas era un trabajo de gran precisión, sobre todo si querían introducir mejoras con respecto al modelo que imperaba en esos momentos. La jeringuilla de Jalón Coromillas tendría un embolo que no se atascaba y sobre todo sería más fácil de destruir, porque harían las paredes más finas.

Así, con 200 millones de pesetas de inversión nació en 1979 la fábrica Fabersanitas, ubicada en Fraga (Huesca) que revolucionó el mercado. Tanto que a los tres años exportaban a 80 países para abastecer toda la demanda y pusieron otras 11 fábricas en países como China, India, Rusia o Turquía.

Enseguida compró la fábrica la multinacional Becton Dickinson y sigue fabricando unos 5 millones de jeringuillas diarios. En total cada día en el mundo se hacen cerca de 20.000 millones de unidades de este invento español.