Carles Tamayo investiga el negocio de los datos: cuando el producto eres tú, estás a la venta
- Se nos ha ido de las manos cierra su temporada con un capítulo sobre el tráfico de información personal
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Carles Tamayo vuelve a La 1 con la tercera y última entrega de Se nos ha ido de las manos. Un último capítulo que explora uno de los mercados más opacos y lucrativos de la era digital: el tráfico de datos personales.
La curiosidad de Tamayo se despierta tras recibir durante semanas llamadas comerciales de empresas que conocen su nombre, sus apellidos, datos de contacto, hasta donde vive, sin que él les haya facilitado nunca esos datos. Al tirar del hilo, descubre la figura del data broker: empresas que compran, venden e intercambian perfiles detallados de ciudadanos como si fueran una mercancía más.
El primer contacto con este universo llega a través de Egentic, el data broker que comercializó los datos de Carles y que asegura en su web que “usted tiene derecho a revocar cualquier consentimiento que haya otorgado para el tratamiento de sus datos personales”. Sin embargo, tras intentar contactar con la empresa por correo electrónico, teléfono e incluso fax, no obtiene respuesta. Carles y su equipo viajan entonces hasta las oficinas de Egentic, en Alemania, en busca de explicaciones, pero vuelven a encontrarse con un muro de silencio. Una reacción que alimenta sus sospechas sobre un negocio con mucho que ocultar.
A raíz de esta experiencia, entrevistan a Ingo Dachwitz, periodista y especialista en derechos digitales fundamentales. Dachwitz explica que, según el Reglamento General de Protección de Datos, cualquier ciudadano tiene derecho a rectificar y eliminar sus datos personales. Pero si esto es así, ¿por qué resulta imposible hacerlo en el caso de Carles? La respuesta, según el experto, es clara: “Ellos no quieren que sepas cómo funciona”.
Voltor & Voltor se convierte en un data broker
Para comprender el funcionamiento de esta industria desde dentro, Carles decide transformar temporalmente su empresa inmobiliaria, Voltor & Voltor, en un data broker. El objetivo: recopilar información personal utilizando estrategias similares a las de estas compañías. Entre ellas, regalar gasolina a cambio de rellenar un formulario.
El equipo diseña entonces una encuesta en la que solicita todo tipo de información: datos personales, gustos, habilidades, experiencias e incluso aspectos emocionales. A cambio, los participantes reciben 50 euros en gasolina.
Con toda la información recopilada, sumada a otras técnicas habituales en el sector, como el uso de cookies, la obtención de datos a través de la dark web o la segmentación de perfiles, Voltor & Voltor acaba construyendo una amplia base de datos que intenta comercializar y que llega a alcanzar un valor superior a los 20.000 euros.
¿En qué momento nuestros datos se han convertido en dinero?
Al adentrarse en este mundo, Carles descubre que detrás del negocio de los datos hay algo más profundo: un sistema de manipulación integrado en nuestra vida cotidiana. Ya no se trata solo de recopilar información para vender productos, sino también de influir en ideas y comportamientos. En esa transacción, nosotros somos el producto, y si somos el producto significa que estamos a la venta.
En el transcurso de la investigación, Carles logra contactar con una consultora política haciéndose pasar por un grupo de presión interesado en influir en un resultado electoral concreto. La respuesta de sus trabajadores es contundente: “Lo podemos hacer sin hablar directamente de votar”. El objetivo, explican, es influir de forma “sutil”, moldeando la percepción de la ciudadanía. “Nosotros siempre trabajamos en la percepción”, afirma uno de los profesionales.
Se dibuja así un ecosistema en el que las cookies que aceptamos, las aplicaciones gratuitas que descargamos, los regalos que recibimos a cambio de rellenar un formulario o las tarjetas de puntos que usamos cada día en supermercados tienen un único objetivo: recopilar la mayor cantidad posible de datos sobre nosotros para luego guiarnos hacia lugares elegidos y pagados por los más poderosos.
Un sistema en el que no somos los usuarios, sino el producto. Un negocio que, sin duda, se nos ha ido de las manos.