¿Cómo ha cambiado Reino Unido desde el referéndum del Brexit?
- Hace 10 años, un 51,9 % de los británicos decidió, frente al 48,1 %, salir de la UE, en una decisión que sorprendió al mundo
- En general hay una lectura negativa del impacto de la salida del bloque comunitario, especialmente en lo económico
Brexit. Es la palabra que ha dominado la política británica desde hace justamente 10 años. El 23 de junio de 2016 Reino Unido acudió a las urnas en un referéndum que cambiaría la historia del país.
Ese día los británicos tenían que decidir entre dos opciones: la de permanecer en la Unión Europea (Remain) o salir del bloque (Leave), poniendo fin a una relación que había empezado en 1973, cuando el Reino Unido se adhirió a la antigua Comunidad Económica.
En una decisión que sorprendió al mundo entero, la campaña del Leave —liderada por Nigel Farage, hoy líder del partido populista Reform UK— ganó la votación por 51,9 %, frente al 48,1 % que logró el voto del Remain, defendido por el propio primer ministro en aquel momento, David Cameron.
A partir de ese momento, el Reino Unido entró en una espiral de turbulencias políticas, económicas y sociales cuyas consecuencias llegan hasta hoy. La primera de ellas: la renuncia de Cameron como primer ministro y líder del Partido Conservador. Lo sucedería Theresa May, la encargada de iniciar las negociaciones con la UE para la salida del bloque.
A 10 años de aquel voto histórico repasamos qué ha cambiado en el país y como el Brexit —y sus consecuencias— sigue atravesando el Reino Unido.
Unas negociaciones complejas y el caos en la política británica
Seis primeros ministros en 10 años, y camino del séptimo, tras la dimisión de Keir Starmer este lunes. Pocas cifras reflejan el impacto del Brexit en el Reino Unido como esta. Unos sufrieron el desgaste de la negociación con la UE, otros el de lidiar con las consecuencias del divorcio.
En 2015, David Cameron logró la mayoría absoluta con la promesa de un referéndum sobre la permanencia en la UE. Su intención era unificar el Partido Conservador, que siempre estuvo dividido sobre la relación con Europa. Él mismo, aunque defensor del Remain, hizo una tímida campaña, en parte porque nadie veía la salida del bloque como una posibilidad real.
La campaña del Leave se basó en la idea de "recuperar el control", principalmente recuperar el control de la economía y el comercio y recuperar el control de las fronteras en aras de reducir la inmigración.
Cameron renunció inmediatamente después del referéndum y fue sucedido por May, quien, bajo la premisa de "Brexit means Brexit" (Brexit significa Brexit) activó, en marzo de 2017, el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, lo que activó formalmente el proceso de salida.
David Cameron, frente al número 10 de Downing Street, anunció su renuncia poco después del referéndum. Exclusivepix Media Europa Press
Las negociaciones con la UE demostraron ser sumamente complejas, con un tema especialmente espinoso: la cuestión de Irlanda del Norte o cómo salir de la unión aduanera sin crear una frontera física en ese territorio que violase los Acuerdos del Viernes Santo. Estos pusieron fin a 30 años de conflicto en la región y contemplan la ausencia de una frontera física entre dos territorios que comparten una misma isla, la República de Irlanda —territorio de la UE— por un lado, e Irlanda del Norte, territorio que pertenece al Reino Unido, por el otro.
May llegó a un acuerdo con la UE, que contemplaba que Irlanda del Norte siguiese formando parte del mercado único de la UE si no se llegaba a otra solución antes de que finalizase el período de transición, en diciembre de 2020. Pero la llamada "salvaguarda irlandesa" fue rechazada hasta seis veces en un polarizado Parlamento británico. Y May acabó por renunciar en mayo de 2019, convirtiéndose en la segunda víctima política del Brexit.
La sustituyó Boris Johnson, quien en diciembre de ese año logró una mayoría absoluta en el Parlamento y, esta vez sí, consiguió la aprobación del acuerdo con la UE, que reemplazaba la salvaguarda irlandesa por controles aduaneros fuera de la frontera en Irlanda. Y así, el 31 de enero de 2020 se consumó el divorcio y la bandera de la UE dejó de ondear en Reino Unido.
La bandera de la UE dejó de ondear en Reino Unido el 31 de enero de 2020. Getty Images
Sin embargo, pese a lo simbólico del momento, poco cambió ese día. Y es que Londres y Bruselas se dieron 11 meses para pactar un acuerdo comercial que definiera la relación futura entre ambas partes. Se alcanzó in extremis, el 24 de diciembre de ese año, a una semana de que venciera el plazo, y entró en vigor el 1 de enero de 2021.
Pero los problemas para los líderes británicos no acabaron ahí. Después llegó la pandemia de covid-19 y la cuestionada gestión por parte de Johnson, junto al escándalo del partygate —las fiestas en Downing Street durante la pandemia— forzaron su renuncia. Sus sucesores, Liz Truss, quien solo estuvo en el cargo 44 días, y Rishi Sunak, enfrentaron enormes desafíos económicos, en parte ocasionados por el Brexit, pero también agravados por la pandemia y la guerra en Ucrania.
En julio de 2024, Keir Starmer logra una clara victoria para el Partido Laborista, pero su gobierno tampoco ha sabido hacer frente a los problemas que enfrentan los hogares británicos y, tras la debacle laborista en las elecciones locales y el aumento de las presiones dentro de su formación, finalmente ha cedido y ha anunciado su dimisión este lunes, justo cuando se cumplen diez años del referéndum. El gobierno de Starmer ha abogado por reconducir las relaciones con Europa y ha culpado al Brexit de hacer del Reino Unido un país "más pobre y más débil".
Pero el impacto del Brexit en la política británica no sólo se refleja en esta sucesión de crisis y líderes. Otro de los temas subyacentes es el deterioro de la relación entre Londres y Edimburgo. Los escoceses votaron mayoritariamente —un 62 %— a favor de quedarse en la Unión Europea en el referéndum de 2016 y los escoceses se han sentido agraviados por los efectos de una decisión que ellos no tomaron, avivando el sentimiento nacionalista.
El pasado mes de mayo, el Parlamento escocés aprobó pedir a Londres poder celebrar un segundo referéndum para independizarse del Reino Unido. Escocia celebró en 2014 un primer referéndum de independencia, en el que el 55 % de los votantes rechazó abandonar un Reino Unido que aún pertenecía a la UE.
Y, por otro lado, si hay alguien a quien el Brexit no le ha pasado factura, ese es Nigel Farage, cuyo partido resultó el gran vencedor de las recientes elecciones locales y que lidera las encuestas para las próximas elecciones, a pesar de que en general, la sociedad británica hace una lectura negativa de la salida de la UE.
La cuestión migratoria, una de las promesas del Brexit
Fue el tema de la campaña del referéndum. Nigel Farage prometió que con la salida de la UE, Reino Unido recuperaría el control de sus fronteras y sería un país con menos inmigración. Aunque empezaron a llegar menos personas de la Unión Europea, lo cierto es que ocurrió todo lo contrario al pronóstico del líder ultraderechista y la inmigración se disparó a niveles sin precedentes, principalmente tras la implementación efectiva del Brexit, aunque ha empezado a bajar desde 2023.
La Oficina Nacional de Estadísticas (ONS, por sus siglas en inglés) ha registrado cómo el número de migrantes llegados desde la Unión Europea se ha ido desplomando desde el referéndum, pero muchas más personas han llegado desde otras áreas, especialmente desde África y el sur de Asia.
Justo después de que se hiciera efectivo el Brexit —en enero de 2025— y tras levantarse las restricciones de la pandemia, se produjo un gran aumento de la inmigración. La inmigración neta en 2022 —los que llegan menos los que se van— se situó en 891.000 personas. Esa cifra, en 2016, el año del referéndum, fue de 249.000 según los datos del Ministerio del Interior y de la Oficina Nacional de Estadística.
Detrás de ese aumento hay varios factores. Por un lado, el flujo de personas que huyeron del conflicto en Ucrania y la represión en Hong Kong, que fue colonia británica. Por otro lado, los estudiantes internacionales y los trabajadores de fuera de la UE.
En el caso de los estudiantes internacionales, bajo el gobierno de Boris Johnson se introdujo la posibilidad de que se quedaran a trabajar en el país después de su graduación. Este cambio estaba destinado a aumentar el atractivo para los estudiantes de fuera de la UE, que representaban una importante fuente de ingresos para unas universidades en una situación económica deteriorada.
En 2022 se amplió el visado para "trabajadores cualificados" a más ocupaciones para paliar la escasez de mano de obra, fundamentalmente trabajadores del sector de los cuidados. Los gobiernos conservadores posteriores limitaron el derecho de los estudiantes y trabajadores con visa a traer dependientes, unas restricciones que se mantuvieron por parte del gobierno laborista de Keir Starmer.
El impacto en la economía y el comercio
El aspecto económico del Brexit fue uno de los más comentados, tanto durante la campaña como en la posterior negociación para la salida efectiva del bloque. Muchos argumentaban que la decisión hundiría la economía británica.
Y, aunque las peores previsiones no se han cumplido, sí que hay un consenso entre los economistas de que el impacto del Brexit ha sido negativo y que los pronósticos para el largo plazo acertaron.
"La situación es abrumadoramente negativa, aunque puede haber opiniones encontradas sobre su gravedad", le dice a RTVE Noticias John Springford, del think tank Centre for European Reform en Londres y quien investiga el impacto económico del Brexit.
"Las estimaciones del coste económico oscilan entre un impacto en el PIB de entre el 4 y el 8 %. La política británica ha sido inestable, lo que ha provocado que otros problemas del país, además del Brexit, no se hayan abordado", agrega Springford, quien considera escasos los efectos positivos de esta decisión, aunque señala que alguno hay, como el crecimiento del sector tecnológico.
Los expertos coinciden en que la salida de la UE ha tenido un impacto en el crecimiento de la economía, el comercio, la inversión empresarial y el empleo. Con todo, advierten que es difícil separar el impacto del Brexit de otros factores, como las consecuencias de la pandemia de covid y de la invasión de Rusia a Ucrania.
Pero varios estudios sí han dado algunas estimaciones. Una de las cifras más citadas es la de la Oficina para la Responsabilidad Presupuestaria (OBR, por sus siglas en inglés), un organismo independiente, aunque dentro de la estructura del Ministerio de Finanzas, que pronostica para los 15 años posteriores a la salida de la UE una reducción del tamaño de la economía del Reino Unido del 4 % en comparación con haber permanecido en el bloque.
Otro estudio, elaborado por varios economistas para el Buró Nacional de Investigación Económica de EE.UU., estimó que para 2025, el Brexit había reducido el PIB del Reino Unido entre un 6 % y un 8 %.
Los autores de ese estudio, entre los que se encuentran el economista británico profesor en la Universidad de Stanford, Nicholas Bloom y el economista del Bank of England, Philip Bunn, señalan que "la decisión del Reino Unido de abandonar la UE generó un aumento persistente de la incertidumbre, que afectó especialmente a la inversión". Según sus hallazgos, el Brexit provocó una reducción de la inversión de entre un 12 y un 18 %.
Según los estudios publicados, otro de los impactos negativos más claros del Brexit está en la caída del comercio. La OBR estima una reducción a largo plazo del 15 % tanto de las exportaciones como de las importaciones —en comparación con si el Reino Unido hubiera permanecido en la UE—.
En general, los economistas señalan un ralentizamiento en la exportación de bienes y servicios. Esto se debe a que, pese a que el Reino Unido logró un acuerdo comercial sin aranceles con la UE —que sigue siendo el principal socio del país—, sí que hay las llamadas "barreras no arancelarias", básicamente mayor burocracia y controles que afectan tanto a la exportación de bienes como de servicios —financieros o de transporte, por ejemplo—.
Uno de los argumentos de los que apoyaron el Brexit fue la capacidad para trazar nuevos acuerdos comerciales individualmente —la política comercial de la UE se negocia como bloque—. Tras la salida del bloque, el Reino Unido llegó a sus propios acuerdos comerciales con varios países, algunos de los cuales ya están en vigor, como los de Australia, Nueva Zelanda o Japón, pero su alcance ha sido calificado como limitado por el propio gobierno.
Todas estas cifras macroeconómicas dibujan un panorama de empobrecimiento general. "Los salarios crecen más lentamente y la gente tiene que destinar una mayor proporción de unos ingresos más bajos al pago de impuestos para financiar el sistema de salud y las pensiones. Si tomamos como referencia una pérdida del PIB del 5-6 %, esto se traduce en una disminución de los ingresos por persona de entre 2.200 y 2.600 libras esterlinas (2.540-3.000 euros aproximadamente)", explica Springford.
La relación con la UE, otra vez en el centro del debate
La cuestión del Brexit y la relación con Bruselas siguen revoloteando en la política británica. De hecho, en los últimos tiempos se ha puesto de moda el término Rejoin (Reingresar).
El gobierno de Starmer ha sido defensor de reconstruir lazos con Europa. "El último Gobierno (conservador) se definió por romper nuestra relación con Europa. Este Gobierno laborista se definirá por reconstruir esa relación con Europa, poniendo al Reino Unido en el corazón de Europa", dijo en mayo, en un discurso en el que estableció prioridades de su gobierno.
Keir Starmer ha defendido un acercamiento a Bruselas. DPA via Europa Press James Manning/PA Wire/dpa 11/05/2026 ONLY FOR USE IN SPAIN
Uno de los aspectos en los que este acercamiento ha dado frutos es el nuevo acuerdo con Bruselas con el que Reino Unido selló su regreso al programa Erasmus para 2027, del que había quedado fuera tras el Brexit. El Gobierno británico estima que solo en el primer año, la vuelta al programa educativo beneficiará a más de 100.000 personas.
El tema del Brexit y un hipotético Rejoin se ha colado también en el debate sobre el liderazgo en el seno del Partido Laborista. Fue Wes Streeting, el exministro de Sanidad y uno de los nombres que sonaron como posibles candidato a suceder al primer ministro, el primero y más claro en abordar la cuestión.
Streeting calificó el Brexit como "un error catastrófico" que dejó al país "menos rico y menos poderoso" y pidió "una nueva relación especial con la UE" para que "algún día" el país esté de vuelta en el bloque.
Reabrió así un debate polémico dentro del Partido Laborista. En 2016, su entonces líder Jeremy Corbyn mantuvo una actitud ambigua que no contentó a nadie: ni a la juventud de Londres, mayoritariamente favorable a quedarse en la UE, ni a la población adulta del resto del país, mucho más resentida con Bruselas.
De hecho, Andy Burnham, el favorito para suceder a Starmer, se mostró mucho más escéptico al respecto de un segundo referéndum: "Yo no propongo que el Reino Unido vuelva a la UE. Respeto el referéndum. Mi opinión es que el Brexit ha sido dañino, pero lo último que deberíamos hacer es volver a esa discusión". Probablemente en estas palabras, pronunciadas en mayo cuando ya sabía que competiría por un asiento en Westminster en la circunscripción de Makerfield —que finalmente ganó—, tuvo en cuenta a su base electoral, que votó mayoritariamente a favor de la salida de la UE.
¿Y qué opinan los británicos?
Durante una década, los británicos parecen más dudosos sobre si el referéndum debió haberse realizado, según un estudio realizado por Ipsos, el King’s College de Londres y el think tank UK in a Changing Europe.
Según la encuesta, realizada entre 2.245 británicos en mayo, un 43 % de los encuestados cree que la decisión de Cameron de convocar el referéndum fue la acertada —una cifra que en 2016 se situaba en el 66 %. Además, cerca de la mitad (48 %) dice que el Brexit fue peor de lo que esperaban —valor que subió desde el 28 % en 2021— y solo el 9 % dice que fue mejor.
Pero en cuanto a la posibilidad de un segundo referéndum, aún no hay un apoyo mayoritario: casi la mitad (48 %) está a favor, mientras una cuarta parte (27%) se opone.
Otra encuesta conducida por Ipsos para Bloomberg revela que de realizarse un segundo referéndum, el 58% de los votantes en un hipotético segundo referéndum respaldaría la reincorporación al bloque.
Aunque hablar de Rejoin o de segundo referéndum es, por el momento, mera especulación, la realidad es que el Brexit y sus efectos están ahí y han afectado a la posición del Reino Unido en el mundo.
"El Brexit fue, implícitamente, una apuesta por el antiguo orden mundial: una estrecha alianza con un poderoso Estados Unidos y la continuidad de la globalización y la seguridad de Europa frente a la creciente agresión rusa. Pero el mundo cambió y el Reino Unido es más vulnerable. No se llegó a un acuerdo comercial con Estados Unidos cada vez más proteccionista (y cuando finalmente se logró con Donald Trump en 2025, este elevó los aranceles). El ascenso de China ha hecho que la UE sea más cautelosa respecto a la apertura. Y Rusia lanzó otra invasión de Ucrania. Desde el punto de vista de la política exterior, el Brexit no ha funcionado", concluye Springford.