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Inmaculada Benito, una "adúltera" en la España de Cuéntame

  • Recuperamos la memoria del  caso de supuesto adulterio que sirve de excusa argumental al capítulo "La mujer del César" de la serie "Cuéntame"
  • El juicio contra Inmaculada Benito en la Zaragoza de 1976, fue símbolo y revulsivo de la lucha por la igualdad en la España de la Transición

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Ana Duato, interpretando a Mercedes en "La mujer del César"
Ana Duato, interpretando a Mercedes en "La mujer del César"

En 1976 España atravesaba una época de cambio, de apertura y descubrimientos marcados por el entusiasmo que suponía el camino hacia la democracia pero entonces, casi un año después de la muerte del dictador, todavía quedaban muchas revoluciones pendientes. Chicas ligeras de ropa invadían las pantallas de los cines y las portadas de las revistas, el número de mujeres que asistía a la universidad o trabajaba fuera de casa crecía progresivamente pero, desde el punto de vista legislativo,  el sector femenino de la población todavía no había recuperado los derechos que le habían sido arrebatados durante 40 años de franquismo.

La reforma del Código Civil de 1975 había suprimido la obligatoriedad de la autorización del marido para firmar un contrato o abrir una cuenta corriente, pero el Código Penal vigente las ponía en circunstancias que evidenciaban, en cierto sentido, que para ellas Franco todavía no había muerto.

En este contexto nos encontramos con el caso de Inmaculada Benito, una joven zaragozana cuyo juicio por adulterio supuso un punto de inflexión en la lucha por la igualdad de género, y que bajo el título La mujer del César  vuelve a nuestra memoria como excusa argumental del capítulo 8 de la décima temporada de "Cuéntame".

Inmaculada se había casado en 1973 con Carmelo Caneiro, un pintor progresista al que había conocido mientras cursaba sexto de bachillerato. Pasaron por la vicaría presionados por sus respectivas familias al saberse que Inmaculada estaba embarazada y, un par de años después, el matrimonio no parecía demasiado sólido. En medio de un ambiente enrarecido, en febrero de 1975, y con conocimiento del esposo, la mujer realizó un viaje Canarias en compañía de un amigo común. Al regresar e intentar ver a su hijo, que había quedado en el domicilio paterno, se le negó la petición y poco después recibió la comunicación de que había sido denunciada por adulterio.

Por extraño que resulte, el adulterio fue delito en España hasta 1978. El artículo 449 del Código Penal establecía que cometían adulterio "la mujer casada que yace con varón que no sea su marido, y el que yace con ella, sabiendo que está casada, aunque después se declare nulo el matrimonio".  El Código Penal castigaba el adulterio con sanciones económicas y condenas de entre 6 meses y 6 años de prisión menor.

Con el artículo 449 como espada de Damocles sobre su cabeza, llegó en julio de 1975 Inmaculada Benito al despacho de Gloria Labarta, entonces joven licenciada en Derecho, hoy una de las más prestigiosas abogadas en Derecho de Familia. 32 años después viajamos a Zaragoza para encontrarnos con Gloria en el mismo despacho en el que comenzó todo.

Nos recibe en una mesa llena de recortes de prensa de la época, con el expediente de Inmaculada Benito entre las manos y varios documentos que fueron decisivos en la resolución del caso. 

Inmaculada tenía 21 años cuando se cruzó con Gloria Labarta por primera vez tras haber recorrido varios despachos de abogados de la capital aragonesa sin que ninguno de ellos quisiera hacerse cargo de su defensa. Se encontró con una entusiasta letrada de 25 años que respondió con sorpresa ante su exposición de los hechos. "Lo que me cuentas es de hace muchos años ¿no?", rememora una Gloria que reconoce que ni ella ni sus compañeros se habían parado a pensar que cosas como aquéllas todavía estuvieran pasando en España.

Tras estudiar la jurisprudencia y comprobar que muchas mujeres estaban condenadas por adulterio (sólo en 1975 llegaron al Supremo 17 recursos), tomó una determinación: "Me daba igual hacer el ridículo, no cobrar o hacer lo que fuera con tal de que aquello saliera bien".   Gloria también recuerda las palabras que le dirigió a Inmaculada antes de poner en marcha toda la maquinaria que favoreció la resolución del caso a su favor: "Esto es un juicio político. Si vamos a la prensa, podemos concienciar a la sociedad de que ésta es una ley que no tiene por qué aplicarse y que hay que cambiarla, pero si nos quedamos calladitas es posible que te condenen si consiguen demostrar que, efectivamente, te has ido con él". Gloria avisó a Inmaculada de la repercusión mediática que tendría su caso si todo salía según lo planeado. Ella, que se jugaba la custodia de su hijo, decidió seguir adelante.

El primer paso  que dio Labarta fue involucrar en la campaña a la Asociación Democrática de Mujeres Aragonesas (ADMA), entidad en la que militaba y que  en aquel momento  luchaba por hacer evidente la necesidad de una Reforma Legislativa que acabara con la discriminación de la mujer. Las mujeres que formaban parte de ella, entre otras, Mercedes Gallizo,  actual Directora de Instituciones Penitenciarias,  exigían la derogación de la legislación civil y penal discriminatoria por razones de sexo y apostaban por la puesta  en marcha de acciones de denuncia. En el de Inmaculada encontraron el caso perfecto para clamar contra una situación general. 

La ADMA redactó una carta al Ministro de Justicia, utilizando como principal argumento la existencia de una doble moral: "Nuestro código penal -decía textualmente- refleja una doble moral dentro de la infidelidad conyugal; mientras admite como normales las relaciones extra conyugales esporádicas en el hombre, por el mismo hecho castiga severísimamente a la mujer con una pena que puede llegar hasta los seis años de prisión". 

La carta corrió de mano en mano y, en menos de una semana, recogió más de 1100 firmas y la notoriedad suficiente como para que horas antes del juicio el casi recién nacido diario "El País" mencionara el caso en su editorial, jugando con la idea de que Fellini podría rodar ese día un juicio en Zaragoza.

El revuelo fue tal que se multiplicaron las muestras de solidaridad, hasta el punto de que  un par de autobuses fletados desde Madrid acudieron el 6 de octubre de 1976 a las puertas de la Audiencia de Zaragoza haciendo popular la consigna "Yo también soy adúltera". 

YO TAMBIÉN SOY ADÚLTERA

Amparo Bella, miembro del Seminario interdisciplinar de Estudios de la Mujer (SIEM) de la Universidad de Zaragoza, cuyas investigaciones de los últimos años se han centrado en rescatar la Historia de las mujeres españolas en la Transición, concede al "Yo también soy adúltera" un significado simbólico muy importante para el movimiento de mujeres en particular y los movimientos sociales en general, inaugurando la estrategia de la autoinculpación como forma de lucha que se repetiría después con el aborto y, ya en democracia, con delitos como la insumisión. En aquel momento, afirma Amparo, era una forma de decir: "Estamos todas en lo mismo. Si juzgan a esta mujer, júzguennos a todas, llenen las cárceles de mujeres y asuman las consecuencias".

Inmaculada Benito fue absuelta por falta de pruebas contundentes. La acusación fue incapaz de demostrar que ella y su acompañante compartieran camarote de barco o habitación de hotel durante su viaje a Canarias y en el juicio, celebrado a puerta cerrada, no convenció a nadie la declaración de unos testigos que afirmaban haberlos visto desnudos y en la cama a través de la mirilla de una puerta. 

Si antes de la celebración del juicio Inmaculada mostraba su miedo ante lo que se avecinaba "Estoy asustada", decía en declaraciones a "La Gaceta Ilustrada". " Todo el mundo me mira por la calle. Ésa es la adúltera, pensarán"; tras la absolución, se mostraba en declaraciones a "El País" como una mujer mucho más segura: "Todo esto me ha servido para tomar conciencia de una serie de problemas que hasta ahora no me preocupaban y que no son exclusivamente feministas, sino de gran trascendencia para la sociedad".

Los medios también se hicieron eco de las declaraciones de Carmelo Caneiro, el marido denunciante,  que afirmaba sentirse como un personaje de las películas de Bergman. "La gente no entiende cómo pensando así -Caneiro era conocido como progresista- he recurrido a los tribunales, igual que lo haría un fascista. Que conste que era la única solución para arreglar el asunto y lo hice con el propósito de que le aplicaran el indulto". 

Amparo Bella, considera el caso de Inmaculada Benito como un momento crucial para la organización del movimiento feminista: "fue la salida a la plaza pública y a la luz del movimiento de mujeres, transformándose definitivamente en movimiento feminista, exigiendo para las mujeres, más allá de la reforma legislativa, una posición en el mundo". 

La repercusión mediática nacional e internacional del caso de Inmaculada hizo que las movilizaciones por casos similares se sucedieran aquel otoño del 76, primero en Madrid y luego en Barcelona, reivindicando una derogación que no llegó hasta la promulgación de la Constitución de 1978. 

La importancia que algunos medios concedieron a este juicio fue tal que Interviú se atrevió a publicar el 21 de octubre de 1976  bajo el título "Inmaculada Benito, una adúltera para un pueblo" un texto como éste: "¿Se dan ustedes cuenta de lo que acaba de ocurrir en Zaragoza? Este país, que sólo tenía santas esposas, sacrificadas madres de familia, tristes féminas junto al aspirador o el fregadero, autoras de puntillas, inventoras de la calceta...gana, nada menos, que la dimensión de adúltera conocida, de la adúltera a la luz del sol que nos pone a las vías de  ingreso en el mercado común con muchas más posibilidades que las que ofrece el plan Suárez o el calendario de los reformistas. A Bruselas podemos ir ya con una adúltera homologada"

Han pasado 32 años de aquello y el caso es que, como afirma Amparo Bella, "hemos tardado 31 años en conseguir una Ley de Igualdad, que era lo que se empezaba a pedir en en la Audiencia Territorial de Zaragoza aquel octubre del 76".