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Desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, desató la guerra arancelaria contra sus socios comerciales, pero en especial contra China, el presidente chino, Xi Jinping, no ha vuelto a hablar con él. No responde a sus mensajes ni entra en su juego. La táctica de la presión funcionó con Japón y Corea del Sur, pero no con Pekín, que considera el ultimátum un chantaje inaceptable. El gigante asiático es claro: si Washington cumple su amenaza, China contraatacará sin dudarlo.

"El cielo no se va a caer", afirmaba el Diario del Pueblo, medio afín al régimen chino, mientras recordaba que el país lleva años preparándose para este escenario. La proporción de exportaciones chinas a EE.UU. ha caído del 3,5% al 2,9% del PIB entre 2018 y 2023. China tiene la seguridad que la agresividad de Trump puede volverse en su contra, dado que los clientes que pierda podrían acabar en manos de Pekín.

Además, la economía estadounidense depende de componentes fabricados en China, lo que se suma a su dominio sobre minerales estratégicos y del 3% de la deuda pública estadounidense. Aunque es improbable que Pekín la venda de golpe, el país asiático se mantiene desafiante ante la presión comercial estadounidense.

"Es la principal relación comercial del planeta", explica Daniel Flores de RTVE.es Datos. "Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones europeas y, en bloque, la Unión Europea es el principal comprador de productos estadounidenses", comenta Flores.

Añade que la mayoría de los países miembros de la UE tienen un saldo comercial favorable con EE.UU., pero si se "examina país por país esa relación comercial no es tan intensa entre unos y otros", aclara.

Los superávit comerciales son muy pronunciados en países como Alemania, Italia o Irlanda, pero no lo son tanto en Países Bajos, Polonia o la propia España.

El impacto de estos aranceles será desigual, "dependerá de la exposición de cada país y de cada sector a las ventas a Estados Unidos", comenta Flores. Entre los productos más afectados se encuentra el sector automovilístico europeo, con países expuestos como Alemania o Italia, pero los gravámenes tendrán un efecto muy amplio sobre toda la cadena de producción.

En el caso de España, el 4,6% de las exportaciones nacionales tienen como destino los EE.UU. y no es de los más expuestos. "Pero, si se examina por sectores, por ejemplo, el vino, el año pasado fue su segundo mercado", declara. Supone un 10% de sus ventas, 256 millones de euros.

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades ha aumentado hasta los 45 millones de euros la partida que dedicará a la tercera edición del programa Atrae, una iniciativa para contratar en España a investigadores que están trabajando en el extranjero y que son líderes mundiales en sus respectivos campos. Será la edición más ambiciosa de las tres y llega en medio de la polémica por los recortes y los cambios en el sistema de ciencia del Gobierno de Donald Trump, que ha provocado una fuga de cerebros hacia otros países.

El plan prevé la inversión de hasta 135 millones en los próximos tres años, destinando un millón de euros a cada científico para que pueda desarrollar en España su proyecto y su grupo de investigación, aunque el programa pone un "foco muy especial en los investigadores que se encuentran en EE.UU. y que están siendo despreciados por la actual Administración", por lo que habrá una financiación adicional de 200.000 euros para aquellos que se incorporen desde este país.

Javier Santacruz, economista y analista financiero, ha estado en Las Mañanas de RNE con Josep Cuní para analizar las respuestas de los mercados globales de los últimos tres días tras los aranceles impuestos por Trump: "Ningún sector se libra de una salida masiva de dinero. La banca o el sector inmobiliario, que parecía que estaban más resguardados, en el fondo no lo están. Eso es lo que ha pasado", afirma. Según el experto ha habido un problema importante desde el inicio y es "que no ha habido una contestación suficientemente contundente al discurso de Trump por parte de los principales líderes", se trata de dos cuestiones: "Hay que contrarrestar y contestar de una manera razonable, sea arancelaria o negociadora", concluye.