Pilar hace malabares para adaptarse a las nuevas circunstancias. Dueña de dos panaderías, se ha visto obligada a prescindir de 6 empleadas y asumir unas jornadas laborales que van desde el alba al anochecer.
El disgusto por tener que despedir a sus dependientas, el ritmo de trabajo agotador y las facturas que no cuadran la bloquearon y Pilar tuvo que recurrir a los ansiolíticos para seguir adelante.
En la farmacia nos aseguran que el consumo de tranquilizantes ha aumentado exponencialmente según han ido creciendo las dificultades económicas de los ciudadanos.