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La Tierra tiembla todos los días, pero ¿están aumentando los terremotos más destructivos?

  • 2026 acumula ya 11 seísmos de magnitud igual o superior a 7, sin ninguna relación entre ellos
  • En todo el mundo se producen a diario 1,8 millones de temblores, la mayoría imperceptibles para la población
La Tierra tiembla todos los días, pero ¿están aumentando los terremotos más destructivos?

Los recientes terremotos registrados en diferentes puntos del planeta han hecho que mucha gente se haga la misma pregunta: ¿pueden varios grandes temblores ocurridos en poco tiempo estar relacionados? El pasado 10 de agosto, un seísmo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar sacudió buena parte de Colombia. Unas semanas antes, el norte de Venezuela sufrió un doble temblor aún más devastador, de magnitudes 7,2 y 7,5; mientras que el 17 de julio otro seísmo de magnitud 7,5 tuvo su epicentro 52 kilómetros al oeste de Puerto Madero, en México. En España, Granada ha registrado en los últimos días dos terremotos de magnitud 4,8.

El año 2026 acumula ya 11 terremotos de magnitud igual o superior a 7, según el registro del Servicio Geológico de Estados Unidos. La mayoría están vinculados al cinturón de fuego del Pacífico, una extensa cicatriz que recorre el perímetro del mayor océano del planeta y concentra alrededor del 90% de la sismicidad mundial. Pero que varios terremotos importantes se produzcan con pocos días o semanas de diferencia no significa necesariamente que formen parte de una misma secuencia.

La presidenta del Colegio Oficial de Geólogos, Nieves Sánchez, subraya que la actividad sísmica forma parte de la dinámica natural del planeta. "La Tierra está en continuo movimiento", señala, y pone como ejemplo que un posible movimiento bajo el Teide "no tiene absolutamente nada que ver con el terremoto que ha ocurrido en Colombia", ya que son fenómenos independientes. "La Tierra es suficientemente grande como para que una no intervenga en la otra ni tenga nada que ver", comenta a RTVE Noticias.

En esa misma línea, Manuel Regueiro, profesor y expresidente de la misma institución profesional, considera que los 11 terremotos de magnitud superior a 7 registrados en lo que va de año entran dentro de la normalidad. Él también incide en que la actividad sísmica es constante: "Todos los días, en todo el mundo se producen 1,8 millones de terremotos", declara a RTVE Noticias, aunque matiza que la inmensa mayoría son imperceptibles para la población porque tienen una magnitud inferior a 1,5.

Nieves Sánchez recuerda que el movimiento de la corteza terrestre es inherente a un planeta geológicamente vivo, y que "la vida biológica va asociada a la vida geológica". La Tierra tiene volcanes, calor, desplazamiento y procesos que, en última instancia, están ligados a la propia vida de los seres que la habitan. Pero esa "vida geológica" también implica riesgos que deben ser gestionados. "Lo que es importante es tener la vida geológica bien detectada, bien analizada y que tomemos las medidas adecuadas para minimizar al máximo los riesgos y los daños, porque desgraciadamente siempre los habrá", apunta.

Un enorme rompecabezas en tensión

La corteza terrestre no es una capa continua, sino un enorme rompecabezas formado por grandes fragmentos que pueden desplazarse hasta varios centímetros al año. Sus bordes, además, no se deslizan siempre con suavidad. La fricción puede bloquear las rocas mientras las placas continúan ejerciendo presión, acumulando tensión durante décadas o incluso siglos. Cuando esa tensión supera la resistencia de la roca, la falla se rompe y libera bruscamente la energía acumulada en forma de ondas sísmicas. "Hay terremotos todo el rato porque la dinámica de las placas es así. No para", señala Regueiro.

La velocidad de esos movimientos tampoco es igual en todas las zonas. En las placas circumpacíficas pueden registrarse desplazamientos de varios centímetros al año, explica Sánchez, mientras que entre las placas euroasiática y africana, donde se ubica el sur y sureste peninsular español, el ritmo es apenas milimétrico. Esa diferencia se traduce en mayor tensión y fricción acumulada en algunas zonas del Pacífico, donde se concentra buena parte de la actividad sísmica mundial. En regiones como la península ibérica, en cambio, los terremotos resultan mucho más excepcionales.

Calle de Granada con escombros y coches dañados tras un terremoto nocturno.

Instantes después al reciente terremoto de Granada, con 4,8 de intensidad. CEDIDA A EUROPA PRESS IMAGEN CEDIDA A EUROPA PRESS

¿Casualidad o causalidad?

Este proceso se desarrolla de manera simultánea en miles de fallas repartidas por todo el planeta, cada una con su propio ritmo y nivel de tensión. Por eso, dos o más terremotos que ocurren con pocas horas o días de diferencia suelen ser una coincidencia temporal. Para hablar de una relación causal directa, tiene que existir una conexión física, es decir, que estén relativamente cerca y que el primero haya alterado la tensión de la falla donde se produce el segundo. Cuanto más lejos están uno de otro, menos probable es esa conexión.

Los últimos grandes terremotos en el continente americano reflejan bien esa diferencia. El seísmo de Colombia se originó por la subducción de la placa de Nazca bajo la placa sudamericana. El doblete sísmico de Venezuela, en cambio, respondió a un mecanismo distinto, sin relación estructural con lo ocurrido en Colombia. Y tampoco existe relación entre Colombia y México, pese a que ambos países se sitúan dentro del cinturón de fuego del Pacífico, a diferencia de Venezuela, que queda fuera de él.

Sin embargo, tener localizadas esas estructuras no es suficiente si ese conocimiento no se traslada a la prevención. "Esas grietas como las de Venezuela estaban perfectamente catalogadas, pero el problema es que luego ese conocimiento se tiene que aplicar a la sociedad", advierte la presidenta del Colegio Oficial de Geólogos. En su opinión, el doblete de Venezuela pone de manifiesto también la importancia de contar con una normativa adaptada al riesgo.

En todo caso, aunque no es lo habitual, los terremotos también pueden estar directamente relacionados entre ellos. "Siempre se ha dicho que hay uno grande y después réplicas más pequeñas, pero puede haber uno grande y después otro más grande, como sucedió en Venezuela", apunta Manuel Regueiro, quien deja claro que "no es imposible que un terremoto puede originar en la falla de al lado otro terremoto, donde se estaba acumulando tensión".

Imposibilidad para detectar cuándo ni dónde se producirán

Lo que la ciencia no puede hacer de momento es utilizar estos patrones para prever el momento y el lugar en los que se producirá el siguiente gran terremoto. Los sismólogos únicamente pueden estudiar las características geológicas de determinadas regiones y establecer probabilidades a largo plazo. "Se puede medir la tensión, el estado tensional de las rocas, pero no sirve de mucho porque aunque sepas que es elevado, no puedes conocer cuándo va a saltar", explica Regueiro, quien sin embargo se muestra convencido de que este objetivo se alcanzará en un futuro.

En este sentido, Sánchez asegura que se están explorando nuevas vías, especialmente por parte de geólogos estadounidenses, como intentar detectar dónde se localiza la energía acumulada en las fallas. Según cuenta, igual que se ausculta el terreno para saber cuándo va a erupcionar un volcán, en el caso de las fallas geológicas se trataría de identificar dónde se produce esa concentración de energía que podría liberarse. Entre las líneas de trabajo se encuentran también indicadores como el gas radón, aunque Sánchez advierte de que no es sencillo utilizarlo como una señal predictiva fiable.

Regueiro agrega que los investigadores están intentando plantear también otros enfoques, como la microzonificación sísmica o el uso de inteligencia artificial, aunque todavía están lejos del desarrollo de una herramienta capaz de anticipar de forma fiable un terremoto.

España, una frontera de placas activa

En España, la actividad sísmica se concentra especialmente en el sur y el sureste peninsular, donde convergen las placas africana y euroasiática. La interacción entre ambas genera una zona de elevada actividad sísmica que afecta especialmente a Alicante, Murcia, Almería, Granada, Málaga y Cádiz. Melilla también se encuentra en zona de riesgo. Los Pirineos representarían la segunda zona en actividad, aunque de menor intensidad.

Pero la amenaza no es homogénea en todas ellas. Nieves Sánchez pone como ejemplo el caso reciente de Granada: "La Vega de Granada, que es una zona de suelos más blandos, con sedimentos de relleno de la parte baja de Granada, es la que ha sufrido más, porque allí la onda se amplifica, mientras que por ejemplo la Alhambra está construida sobre una roca… Ya ha sufrido más terremotos de este tipo, pero ahí está quietecita en la roca y no le ha pasado nada".

La geóloga considera que esta diferencia demuestra la necesidad de tener en cuenta el subsuelo en la planificación y en las normas de construcción. "No hay dos piedras iguales, y no hay dos lugares del mundo iguales. Cada sitio tiene su problemática", sostiene. Por ello, defiende que la normativa sismorresistente debe estar mucho más fundamentada en criterios geológicos.

Terremotos en el mundo y en Granada.

La Alhambra se encuentra edificada sobre una roca, en la ciudad de Granada. GETTY IMAGES

La historia sísmica muestra que el riesgo es muy real. El terremoto más destructivo registrado en España tuvo lugar en Almería en 1522. Más de 2.500 personas murieron, la capital quedó arrasada y alrededor de 80 poblaciones resultaron destruidas.

Aunque el peligro tampoco se limita a esta zona de la península ibérica. Los geólogos sitúan uno de los escenarios potencialmente más peligrosos en el Atlántico, donde existe el precedente conocido del terremoto de Lisboa de 1755. El seísmo, de una magnitud estimada en torno a 8,5 y con epicentro a unos 200 kilómetros de la costa, devastó Lisboa, donde murió aproximadamente un tercio de la población, y también provocó daños y víctimas en España. En 1969, otro terremoto, de magnitud 7,8 y localizado en el entorno del cabo de San Vicente, se dejó sentir con intensidad en Andalucía occidental y el sur de Portugal.

Riesgo de tsunami para la costa andaluza occidental

En un gran terremoto atlántico, uno de los principales riesgos para España no serían únicamente las sacudidas del terreno, sino la posibilidad de que se generase un tsunami. La costa andaluza, especialmente Huelva y Cádiz, presenta uno de los mayores índices de peligrosidad por maremotos del país, aunque el riesgo se considera moderado a escala mundial. En todo caso, la población no está desprotegida, ya que actualmente existen boyas instaladas en alta mar capaces de detectar estas olas gigantescas, por lo que avisarían con tiempo y facilitarían una eventual evacuación hacia zonas elevadas antes de que llegasen a tierra.

Sin embargo, en el caso de un posible terremoto de gran magnitud en el interior peninsular, la única herramienta sigue siendo la prevención. "Como aún no podemos prever cuándo se producirá un terremoto para poder avisar a la gente, la única medida eficaz contra los terremotos es la prevención, y por lo tanto las normas", recalca Manuel Regueiro.

Sánchez coincide en que España debería actualizar su normativa de construcción sismorresistente. "Nosotros conocemos las zonas en las que se producen los terremotos, aunque nunca vamos a saber ni cuándo ni de qué magnitud, pero es una gran ventaja poder aplicar normas para cuando se produzca", señala. Reclama, además, que esa normativa tenga una base científica más sólida y que contemple las particularidades de cada terreno: "La norma sismorresistente tiene que estar más fundamentada en criterios geológicos".