Batalla de tomates, gafas de buceo y diversión: las calles de Buñol se tiñen de rojo en la Tomatina 2026
- Las hortalizas utilizadas se cultivan para la ocasión y no son aptas para el consumo
- La Tomatina 2026 de Buñol, en imágenes
Una lluvia de más de 150.000 kilos de tomate —30.000 más que el año anterior— han teñido de rojo las calles del municipio valenciano de Buñol, que celebra este miércoles su 79º edición de la Tomatina.
Sobre las 12:00 y al más puro estilo valenciano, el sonido de una carcasa pirotécnica ha dado el pistoletazo de salida a una batalla de hortalizas entre los siete camiones preparados para la ocasión y los participantes. Se calculan unos 22.000, el aforo permitido de este particular evento declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2002.
"Me lo estoy pasando genial", han declarado algunos de los asistentes a los reporteros del programa Mañaneros 360, que previamente se declaraban nerviosos o con ganas ante la llegada de los camiones. También han podido hablar con personas de todas las edades —como Esperanza, de 72 años, que se animaba a remar en el zumo de tomate— y de diversos lugares. Los asistentes provenían tanto de Buñol y alrededores como de múltiples nacionalidades como Estados Unidos, Japón, Italia y Rumanía, entre otros. "Nos pareció divertido y vinimos", han explicado un grupo de italianos que han asistido a la cita valenciana por primera vez.
La fiesta comenzaba ya de mañana con el tradicional almuerzo formado generalmente por grandes bocadillos. A ello le siguen las caras de esfuerzo en el intento de bajada del pernil, un jamón colgado en lo alto de un palo enjabonado (años atrás daba inicio a la Tomatina una vez se conseguía alcanzar, pero ya no se requiere de ese requisito) y el lanzamiento de agua a los participantes.
Cabe destacar que a día de hoy es necesario comprar una entrada de 15 euros para poder acceder a las calles del pueblo donde tiene lugar el evento, por lo que la cita tiene también gran repercusión económica. En estos días, los negocios protegen, asimismo, sus negocios para evitar robos o la entrada de restos de tomate.
Ambiente festivo e internacional
Tras pasar uno de los puntos críticos, la empinada cuesta Soriano, la procesión de vehículos ha ido avanzando por la calle San Luis en un ambiente distendido, pero sin tregua en los lanzamientos. Así pues, el blanco de la vestimenta de muchos de los asistentes se ha ido cubriendo de rojo a medida que descargaban los camiones hasta convertir Buñol en una sopa de tomate. Un tramo ha tenido que ser dispersado brevemente ante un incidente "puntual" con gas pimienta, ha informado la alcaldesa del municipio, Virginia Sanz, sobre unos hechos que no han dejado heridos de gravedad.
En los vehículos, los lanzadores —elegidos por sorteo cada año— iban protegidos con arneses para no resbalar, mientras que el resto de participantes, situados abajo, se cubrían los ojos con gafas de buceo para evitar la acidez, el pelo con gorros de piscina y sus móviles con bolsas de plástico. También han podido verse personas con disfraces, sombreros de tomate, personas que hacían el 'ángel del tomate' en el suelo o que vivían el evento a su manera desde los balcones.
A las 13:00 horas, ha sonado otra carcasa, momento en el que ya no se puede lanzar ni un tomate más, y se pone fin a esta Tomatina 2026. Tras ello, entran en juego las brigadas de limpieza, ayudadas por los propios vecinos y participantes de la fiesta, a eliminar la huella del tomate. En poco tiempo, dejan el pueblo nuevamente limpio y los participantes se dirigen a la zona de duchas, con la mente puesta ya en la Tomatina el año que viene.
Los camiones con tomate por Buñol en la Tomatina 2026. EFE/Biel Aliño
Los tomates utilizados no son aptos para el consumo
La variedad de tomates utilizados se ha cultivado en esta ocasión en San Benito, Badajoz, específicamente para este evento. Su sabor es demasiado ácido para el consumo, pero su piel es blanda por los que son aptos para el lanzamiento sin causar excesivos daños. De todas maneras, desde el Ayuntamiento recuerdan que antes de tirarlos, se tienen que esclafar, es decir, apretar o estrujar la hortaliza para que esté más suave. Los tomates más verdes se suelen descartar para evitar heridos.
La casualidad es el origen de esta fiesta valenciana. Fue un verano de 1945 cuando en las fiestas en honor a San Luis Beltrán tenía lugar el tradicional desfile de gigantes y cabezudos. Allí, un grupo de jóvenes se metió en la comitiva oficial, provocando la caída accidental de uno de los participantes disfrazados, quien comenzó a golpear todo lo que encontraba a su paso, incluido un puesto de hortalizas del mercado. Sumidos en el caos y la tensión, los vecinos agarraron los tomates de las cajas y se los lanzaron unos a otros.
Los agentes detuvieron la batalla, pero la tradición se instaló y se repitió cada año el último miércoles de agosto, trayendo los tomates de sus casas. Las autoridades trataron de impedir la fiesta espontánea ante la posibilidad de desorden público. Los vecinos respondieron en 1957 con el "entierro del tomate", paseando un gran tomate dentro de un ataúd por las calles de la localidad. Esto no hizo más que aumentar el éxito de la fiesta, por lo que se permitió su organización como parte de las celebraciones patronales. Más tarde, un reportaje de TVE dio a conocer la fiesta más allá del municipio, lo que pudo aumentar sus visitantes.
Para los más pequeños, desde 2013 existe la modalidad infantil en la que se lanzan más de 5.000 kilos de tomates. Una 'cantera' de participantes que, en muchos casos, repiten cuando son mayores en la Tomatina tradicional.