‘Dog House’ cierra su temporada retratando el primer encuentro entre un perro guía y una persona invidente: “Todos merecemos andar con dignidad”
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Los perretes son capaces de batir marcas de lo más sorprendentes: correr a toda velocidad, hacer acrobacias imposibles o aprender trucos que nos dejan con la boca abierta. Pero hay un récord en el que todos son auténticos campeones y para el que no necesitan cronómetro: conquistar nuestros corazones en cuestión de décimas de segundo.
Esta vez, las puertas de Dog House vuelven a cerrarse tras haber conseguido que muchos perros hayan encontrado un hogar y muchos humanos hayan vuelto a ilusionarse. ¡No te lo pierdas!
Luis: Un amor incondicional por los galgos
En este último episodio, quien llega al albergue es Luis, un chico enamorado de los animales desde que tiene uso de razón. “Creo que todos los animales, y los perros en particular son maravillosos”, comienza.
El joven es ingeniero de energía y vive con su novia, con quien busca agrandar la familia. Además, está muy concienciado con los animales y siente gran respeto hacia ellos. “Soy vegano desde que tuve a mi conejo y dije: “no puedo seguir comiendo animales”, explica. Y termina: “Hasta que me muera va a ser así”.
El joven siente ilusión por adoptar un galgo, ya que se trata de una de las razas más maltratadas. “El problema con los galgos es que los crían para la caza. Son explotados al máximo y si tienen suerte los abandonan, sino hacen barbaridades con ellos”, lamenta Paula, staff del albergue. ¿Qué perrete será el afortunado de conocer a Luis?
El equipo de Dog House ha decidido presentarle a Oscar, un galgo que apareció sin chip, con heridas por todo el cuerpo y con un cuerpo extraño clavado en el ojo. “Nunca había pisado un veterinario. Aún así, siempre se mostró muy cercano a las personas y parecía que solo encontraba consuelo con nosotros”, confiesa Raquel, staff del albergue.
El perrito ha entrado al jardín conquistando a Luis con su energía y cercanía. Y rápidamente, sus interacciones han evidenciado el flechazo. “Si lo hubiese diseñado yo habría sido peor de lo que ha sido”, confiesa Luis, deseando comenzar una vida junto a este precioso peludo.
Raquel y Zaida: “Yo por mis perros, mato”
Madre e hija llegan a Dog House con el deseo de encontrar un perrito que haga compañía a su querida perrita Luna, que estuvo a punto de morir por una intoxicación hace años. “Aquel día volvimos de paseo y Luna no se encontraba bien. No nos conocía, daba tumbos y empezó a convulsionar”, narra Raquel. “En la puerta del veterinario se me murió en los brazos. Nos dijeron que estaba muerta, pero le hicieron el boca a boca y abrió los ojos”, explica entre lágrimas. Hoy, la perrita goza de salud y es el ojo derecho de madre e hija.
Sin embargo, este no ha sido el único momento duro de sus vidas. “Desgraciadamente murieron mi hijo mayor y su padre”, confiesa. Debido a ello, Zaida tuvo que enfrentarse a una complicada infancia que, por suerte, terminó uniéndolas más que nunca. “A mi la loteria no me va a tocar porque ya tengo toda la suerte del mundo y la mejor familia”, expresa con orgullo Raquel. ¿Encontrará el equipo del albergue un perrito que complemente a esta entrañable familia?
Las puertas del jardín se han abierto para que entrase Felipe, un pincher de seis kilos. “Era de un matrimonio. Se separaron y ninguno quiso hacerse cargo del perro”, lamenta Guille, staff del albergue. “Los perros que vienen de estar con familias llegan al albergue y no entienden nada. Se han quedado sin familia y sin hogar”, termina.
Aunque en un principio el perrete se ha dedicado a olisquear todo el jardín y no hacer demasiado caso a la familia, finalmente se ha acercado a Raquel y a Zaida conquistando sus corazones: “Ahora sí que nos acaba de tocar la lotería”, termina Raquel.
Catalina, María y César: Érase una vez un perro y una cobaya
Chenoa espera a las puertas del albergue a una familia que llega acompañada de un animal muy especial: una cobaya. “Estoy en sexto de primaria y esta es mi cobaya Rania”, se presenta la pequeña María. La familia está dispuesta a adoptar un perrito y no tiene preferencias de tamaño, ni edad. “Nos da igual un perrito pequeño, mediano o grande. Con lo que nos den vamos a ser muy felices”, dice Catalina.
Después de un tiempo dándole vueltas, la familia ha decidido que este es el momento adecuado: “María es mayor, va a entrar al instituto y es parte de la vida empezar a tener responsabilidades”, comenta César. ¿Qué perrito entrará en el jardín? Y lo que es más importante: No se comerá a la pequeña Rania, ¿verdad?
Tras valorar varias opciones, los chicos del staff finalmente se han decantado por Fred. El perro tenía una familia, pero fue abandonado después de crecer más de lo que sus antiguos dueños esperaban. “El perrito tenía una familia. Era más grande de lo que se esperaban y lo abandonaron”, lamenta Guille.
Sin embargo, el primer encuentro entre Fred y su nueva familia no ha sido tan idílico como cabía esperar. Nada más llegar, el perro se ha dirigido hacia la puerta con intención de abandonar el jardín, despertando las dudas de sus nuevos compañeros. “Hemos pensado que no nos quería y que igual se quería ir a buscar otra familia”, explica Catalina.
Ante esta situación, César ha intentado acercar al perro al resto de la familia para facilitar el contacto. Sin embargo, la pequeña María ha intervenido para pedirle que respetara el espacio de Fred: “Papá, déjale, que no quiere que le agarres”, le ha advertido.
Finalmente, parece que el vínculo entre Fred y la familia ha terminado por surgir. Aunque César ha abandonado el albergue con algunas dudas sobre cómo sería la convivencia con el perrete, el día a día se ha encargado de disiparlas. Con el paso del tiempo, Fred se ha ganado su lugar hasta convertirse en uno más de la familia.
Alejandra, Mónica y Antonio: “Ellos no eran dignos de tener a este animal”
Mónica, Alejandra y Antonio buscan un compañero para Kira, su pequeño yorkshire. La perrita es muy miedosa y tiene dificultades para relacionarse con perros de mayor tamaño, por lo que el staff del albergue tendrá que encontrar al candidato perfecto: un perro de tamaño reducido que pueda adaptarse bien a la convivencia con ella.
Después de valorar varias opciones, Priscila ha sido la elegida para entrar al jardín. Con tan solo un año de vida, la perrita destaca por su energía y sus ganas de jugar. “Necesita un hogar donde le den caña y, si puede ser, que tengan otro perrete que le haga compañía”, explica Carol.
La historia de Priscila, además, está marcada por un inesperado giro. La perrita fue abandonada junto a Platón, anteriormente adoptado en el programa. Días después, las mismas personas se pusieron en contacto con el albergue para pedir que les devolvieran a la hembra. “Esas personas no son dignos de volver a tener ese animal”, sentenciaba el staff del albergue.
Pero el destino parece haberle dado a Priscila una segunda oportunidad. Desde el primer momento, la perrita ha conectado con la familia, dejando atrás la soledad y demostrando que su lugar está junto a ellos. “Ha sido amor a primera vista”, aseguran Mónica, Alejandra y Antonio, emocionados ante el comienzo de una nueva vida junto a su compañera Priscila.
Juana Fran y Ana Belén: Una vida nueva
Juan Fran y Ana Belén quieren dar una segunda oportunidad a un perrito. “A él le gusta mucho caminar y yo hasta hace un año y medio tenía obesidad mórbida y no podía acompañarle”, dice Ana Belén.
Después de superar la muerte de su anterior perro, desean encontrar un compañero peludo que pueda adaptarse a su nueva forma de vida. “Vivimos en un tercero sin ascensor y si es un perro grande será difícil ayudarle a subir y bajar cuando sea mayor”, explica Juan Fran.
Además, ambos se muestran contundentes con el abandono animal. “No me entra en la cabeza que seas capaz de abandonar a un miembro de tu familia”, dice Juan Fran con indignación. Por suerte, ellos han llegado para dar una nueva vida al perrito con el que coincidan en el jardín. ¿Habrá match?
Por su parte, el equipo del albergue quiere dar visibilidad al abandono de perros mayores, pues viven un auténtico calvario en su llegada a las protectoras. “Nos rompe el corazón el abandono de perros mayores porque han vivido en un hogar y les cuesta adaptarse a los cheniles”, dice Carolina. “Echan de menos a sus familias y están esperando que vuelva su persona de referencia”, termina.
Al jardín ha llegado Circe, pero parece que, en realidad, lo que ha hecho es llegar a casa. La conexión con su nueva familia ha sido inmediata, de esas que no necesitan explicaciones y que parecen estar escritas en el destino. “Estaba destinada a estar con nosotros”, celebran Juan Fran y Ana Belén.
Y así, casi como si el camino de los tres hubiera estado marcado mucho antes de conocerse, comienza una nueva historia. Una segunda oportunidad para Circe y, también, para una familia que vuelve a abrir las puertas de su hogar al amor, a la compañía y a todas esas pequeñas cosas que hacen que un perro termine convirtiéndose en uno más de la familia.
Inma y Moisés: “No va a sustituir a Bady”
Recién llegados de Sevilla, Inma y Moisés buscan adoptar un perrito de la mano de Chenoa y el staff del albergue. Ambos divorciados, se conocieron en la empresa en la que trabajaban. “Quisimos darnos una segunda oportunidad en la vida”, celebran. Ahora, también quieren dar una nueva oportunidad a un perrete del albergue, aunque no olvidan a su perrito Bady, que falleció hace años.
La pareja cree en la reencarnación y cree que el espíritu de su querido perrito aún deambula por casa. Tienen una teoría: Bady se reencarnará en su próximo perro. ¿Encontrará el albergue de Dog House un peludo que cumpla las expectativas de la familia?
Pipo viene de una casa en la que su dueña era muy mayor y tuvo que darlo en adopción. “Muchos perros pequeñitos que han vivido con señoras mayores, de repente llegan al albergue y su vida se desmorona porque pasan a vivir un chenil”, dice Guille. “Por eso tratamos de encontrarles una familia cuanto antes”, termina.
El encuentro con la familia ha dejado claro que el amor siempre termina triunfando cuando estás en el lugar correcto. La familia se ha enamorado de Pipo y Pipo de ellos. “No va a sustituir a Bady, pero va a recibir el mismo cariño”, cuenta Moisés con alegría. Ahora, solo queda comenzar a compartir una maravillosa vida juntos.
'Dog House' visita la ONCE: El primer contacto entre un perro guía y una mujer invidente
Dog House viaja a la Fundación ONCE para mostrar algo que nunca se ha narrado en televisión: el encuentro de un perrito guía con una persona invidente.
Estos perros deben tener ciertas características y están entrenados para convertirse en los ojos de quienes no pueden ver. “Van a ser compañeros de viaje de una persona que les va a necesitar”, comentan desde la ONCE.
Mai lleva año y medio esperando para poder tener un perro guía que le ayude en su día a día, ya que perdió a su antiguo compañero hace años. “El problema es el vacío que te deja”, comienza. “Es como volver a perder una parte de ti, otra vez”, reflexiona Mai.
Por suerte, la llegada del perrito ha sido todo un éxito: Mai y el pequeño Mikado han sentido una gran conexión el uno con el otro. “Todos nos merecemos andar con dignidad y seguridad”, comienza Pepe, staff de Dog House. “Estos perros hacen posible que estas personas puedan vivir con cierta normalidad en un mundo que, aunque nosotros no nos demos cuenta, está lleno de obstáculos”, termina.