Enlaces accesibilidad

El acoso escolar repunta hasta el 14,1% de los estudiantes, con la inteligencia artificial irrumpiendo en las aulas

  • El aspecto físico y la diversidad cultural o de raza centran los motivos de las agresiones entre menores
  • El VIII Informe de la Fundación ANAR y Mutua Madrileña alerta sobre la cronificación del problema
El acoso escolar repunta hasta el 14,1% de los estudiantes
RTVE.es

El acoso escolar y el ciberbullying han experimentado un repunte en los centros educativos españoles durante el curso 2025-2026, alcanzando a un 14,1% de los estudiantes, lo que supone un incremento de 1,8 puntos porcentuales respecto al 12,3% registrado en el curso anterior.

Así lo revela el VIII Informe de Acoso Escolar en Centros Educativos: "La opinión de los/as estudiantes", elaborado por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación ANAR a partir de una muestra de 18.245 cuestionarios válidos de alumnos y 412 de docentes recogidos tras la realización de 516 talleres de prevención en 236 colegios e institutos.

Los datos reflejan que el acoso presencial afecta al 7,9% del alumnado —frente al 6,5% del periodo previo—, situando a España en niveles similares a los de países del entorno europeo como Francia (9,1%), Alemania (6,9%), Italia (5,1%) o Portugal (5,3%).

Por su parte, el ciberbullying en exclusiva se sitúa en un 3% (frente al 2,2% anterior), mientras que un 3,2% de las víctimas padece una modalidad mixta que combina la agresión física o verbal directa con el hostigamiento digital.

Cronificación de las agresiones en las aulas

Uno de los aspectos más preocupantes señalados en la investigación es la duración de las situaciones de acoso. Más de uno de cada cuatro alumnos (un 27,6%) que sufre acoso presencial afirma padecerlo desde hace más de un año, un porcentaje que en el caso del ciberbullying alcanza al 22,8% de los afectados. En la vertiente presencial, un 41,2% señala que la agresión dura meses y un 31,2% habla de semanas.

Por sexos, la prevalencia del acoso presencial muestra un reparto compuesto por un 60,7% de chicas y un 39,3% de chicos. Cuando se analiza la autoría, el fenómeno resulta ser mayoritariamente grupal: un 33% de los casos involucra a dos o más agresores.

Además, los varones presentan una mayor participación que las mujeres tanto en el acoso en grupo (35,4% frente al 30,5%) como en el individual (16,8% frente a 14,5%).

El aspecto físico y el racismo, principales detonantes

A la hora de indagar en los motivos por los que se ataca a las víctimas, el aspecto físico continúa encabezando la lista de pretextos, siendo mencionado por el 78,9% del alumnado. Sin embargo, la comparativa interanual muestra una evolución especialmente acusada en otros factores de discriminación.

Los mayores incrementos respecto al curso 2024-2025 se registran en los ataques motivados por cultura, raza o religión, que pasan del 19,5% al 54,9% (+35,4 puntos), y por la orientación sexual de la víctima, que se dispara del 9,4% al 43% (+33,6 puntos).

Asimismo, un 50,3% alude a "las cosas que hace o dice" la víctima, un 45,6% a la falta de higiene o apariencia, un 34,7% a problemas personales (psicológicos, discapacidad o lenguaje), un 30,1% al hecho de ser nuevo y un 30% a las notas escolares.

Respecto a las manifestaciones físicas o verbales del maltrato presencial, los insultos, motes y burlas continúan siendo la forma dominante (86,4%). Le siguen el aislamiento social o dejar de lado a la víctima (43,5%), la difusión de rumores (32,7%), las amenazas (31,9%), los golpes y patadas (29,7%) y el robo o destrozo de pertenencias (19,8%).

La inteligencia artificial irrumpe en el ciberbullying

En el ámbito digital, WhatsApp se mantiene como la principal vía para ejercer ciberbullying, utilizada en el 78,4% de los casos, seguida por TikTok (65,6%), Instagram (50,4%) y los videojuegos u otros juegos en línea (46,4%).

Entre las conductas digitales más extendidas destacan la difusión de rumores o información falsa (71%), la grabación y publicación de agresiones físicas (59,5%) y el envío de mensajes amenazantes o abusivos (54,2%).

La principal novedad del informe radica en el vertiginoso ascenso del uso de la inteligencia artificial para acosar. La tecnología de IA ha intervenido ya en el 23,5% de los episodios de ciberbullying, lo que representa una subida de 9,3 puntos porcentuales en tan solo un curso escolar respecto al 14,2% anterior. Dentro de esta modalidad, las chicas sufren un impacto significativamente mayor, al representar el 60,3% de las víctimas de acoso digital generado con herramientas de IA.

Las aplicaciones más habituales descritas por los estudiantes consisten en la creación de vídeos falsos mediante la manipulación de fotografías de compañeros (79,5%), la manipulación de archivos de voz o audio (57,5%) y la suplantación de identidad (47,9%).

Respuesta del alumnado y de los docentes

Frente a la vulnerabilidad de las víctimas, la concienciación e implicación del entorno escolar refleja signos de avance. Tres de cada cuatro estudiantes (77,7%) afirman que comunicarían la situación a un profesor si presenciaran un caso de acoso, y un 77,5% asegura que apoyaría o defendería a la víctima.

La percepción general de la intervención de los compañeros ante un ataque ha aumentado hasta el 59,2% (+7,1 puntos interanuales). Cuando los alumnos deciden actuar, sus vías preferidas son arropar a la persona agredida (75,2%) y avisar al centro, la familia o los amigos (66,2%).

Por parte del profesorado, la percepción sobre su grado de respuesta también mejora. El 75,9% del alumnado opina que los docentes, tutores u orientadores intervienen cuando tienen conocimiento de un caso, lo que representa una subida de 11 puntos porcentuales en comparación con las mediciones previas.

Sin embargo, persisten ciertas barreras y falsas creencias entre el estudiantado. Cercano a un tercio del alumnado no se muestra plenamente consciente de la gravedad de algunas conductas: el 30% no considera cómplice al usuario que reenvía un vídeo en el que se humilla a un compañero, y un 27,7% cree que reportar un caso a un adulto puede traerle problemas personales.

Del mismo modo, el 95% comprende que el bullying perjudica a la víctima, pero solo el 47,8% entiende que también daña al propio agresor y un 48,7% alcanza a ver el perjuicio que ocasiona sobre los observadores.

Diagnóstico de los profesores y barreras para actuar

En el lado de los profesionales de la educación, un 22,9% del profesorado encuestado afirma tener conocimiento directo de algún caso de acoso escolar en su aula durante el curso, cifra que aumenta 7,9 puntos respecto al 15% del curso anterior.

La vía de detección más habitual es la observación directa del docente (46,1%), seguida inmediatamente por la confidencia realizada por el alumno afectado (44,7%). Un 63,8% de los profesores señala que el problema logró solucionarse, aunque en un 36,2% de los casos las agresiones persistieron en el tiempo.

Al ser preguntados por los factores determinantes en la aparición del acoso escolar, el cuerpo docente señala de forma abrumadora la presión del grupo de iguales (89,3%), el uso indebido de las nuevas tecnologías y redes sociales (87,9%), la normalización de la violencia en la sociedad (87,4%) y la falta de respeto a las diferencias (87,1%).

Respecto a los rasgos del agresor, el informe destaca textualmente una cita clave: “El sentimiento de superioridad se consolida como la característica más asociada al perfil del agresor y la única que aumenta respecto al curso anterior”. Esta condición de liderazgo autoritario es reconocida por el 81,9% de los profesores, por delante de la impulsividad o falta de control (79,6%) y los problemas familiares (76,2%).

Por último, los docentes identifican serias trabas operativas para erradicar este problema en el ámbito institucional. La falta de recursos —tales como tiempo, apoyos y ratios elevadas de alumnos por aula— es señalada por el 84,6% del profesorado como el principal obstáculo, seguida por las trabas burocráticas y la falta de un protocolo claro (69%) y las carencias en la formación del propio equipo docente (46,9%).

En cuanto a las medidas disciplinarias que ven más aplicables, destacan la prohibición temporal de participar en actividades extraescolares (52,2%) y la expulsión de determinadas clases por periodos de entre seis días y dos semanas (44,9%).