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Sanidad implantará la prescripción diferida de antibióticos para reducir su uso innecesario

  • La estrategia, consensuada con las comunidades autónomas, busca frenar el avance de las resistencias antimicrobianas
  • El paciente que no podrá utilizar de inmediato el fármaco, sino que tendrá que esperar entre 24 y 72 horas, según el caso
Sanidad implantará la prescripción diferida de antibióticos para reducir su uso innecesario
RTVE NOTICIAS

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) trabaja con las comunidades autónomas para extender a todo el país la prescripción diferida de antibióticos, una estrategia que busca reducir el uso innecesario de estos medicamentos y contribuir a frenar el avance de las resistencias antimicrobianas.

La medida consiste en que el profesional sanitario prescribe el antibiótico, pero indica al paciente que no lo utilice de inmediato, sino que espere entre 24 y 72 horas, según el caso y las instrucciones recibidas. El tratamiento se iniciaría únicamente si los síntomas empeoran o no mejoran en el plazo establecido.

Esta estrategia está especialmente indicada cuando existe incertidumbre sobre el origen de una infección, por ejemplo, ante determinados cuadros respiratorios en los que no está claro si la causa es viral o bacteriana. El objetivo es evitar que el paciente tome un antibiótico que finalmente no necesita.

La Comunidad Valenciana fue pionera en la implantación de esta estrategia para infecciones respiratorias leves mediante la receta electrónica. En estos casos, la dispensación puede activarse 24 o 48 horas después de la prescripción. Otras comunidades autónomas cuentan también con protocolos de prescripción diferida, aunque no siempre están integrados de forma centralizada en sus sistemas de receta electrónica. La AEMPS ha convertido ahora esta estrategia en una de las prioridades del Plan Nacional frente a las Resistencias a los Antibióticos (PRAN).

Para extenderla, ha constituido un grupo de trabajo con las comunidades autónomas y profesionales sanitarios con el objetivo de conocer el grado de implantación en los distintos servicios de salud y llevarla a aquellos en los que todavía no esté integrada. Según Antonio López Navas, jefe de la Unidad de Apoyo a la Dirección de la AEMPS y coordinador del PRAN, la prescripción diferida es una de las medidas más coste-efectivas que puede aplicarse en atención primaria para reducir el uso de antimicrobianos.

Una estrategia respaldada por la evidencia

La apuesta por la prescripción diferida cuenta con respaldo científico. El PRAN encargó en 2024 a la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del SNS (RedETS) un informe para analizar la efectividad y seguridad de esta estrategia. La revisión sistemática incluyó 12 ensayos clínicos aleatorizados y datos de 3.750 pacientes y concluyó que la prescripción diferida reduce significativamente el consumo de antibióticos frente a la prescripción inmediata.

El análisis también mostró que el dolor y el malestar pueden ser algo mayores a corto plazo con la estrategia diferida, pero la duración de los síntomas es similar. Tampoco se observaron diferencias relevantes en la satisfacción de los pacientes, las tasas de reconsulta, las complicaciones o los efectos adversos.

El informe no evaluó directamente el impacto de la prescripción diferida sobre las resistencias bacterianas, por lo que no permite afirmar que la estrategia las reduzca por sí misma. Sí apunta, sin embargo, a un posible beneficio indirecto al evitar tratamientos antibióticos que no son necesarios.

El consumo de antibióticos vuelve a bajar

La extensión de esta medida se produce además cuando el consumo de antibióticos en España ha retomado una tendencia descendente. Según los últimos datos del PRAN, en 2025 el consumo de antibióticos sistémicos en salud humana cayó un 5,1% respecto a 2024, hasta las 22,94 dosis diarias definidas por cada 1.000 habitantes y día (DHD), frente a las 24,26 DHD del año anterior.

Se trata del mayor descenso anual desde antes de la pandemia de COVID-19 y supone una reducción acumulada del 18,8% desde 2015. Además, el consumo se encuentra un 8,4% por debajo del registrado en 2019, último año previo a la pandemia.

La disminución se explica principalmente por el menor uso de penicilinas, el grupo de antibióticos más utilizado en España. Para el PRAN, los datos reflejan una prescripción progresivamente más adecuada y alineada con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Unión Europea sobre el uso prudente de estos medicamentos.

Pese a esta evolución positiva, todavía existe un amplio margen para mejorar. En los países desarrollados, entre un 30% y un 50% de las prescripciones de antibióticos se consideran inadecuadas. Además, alrededor del 90% del consumo se produce fuera de los hospitales, principalmente para tratar infecciones respiratorias de vías altas, pese a que la mayoría son de origen viral y no requieren antibióticos.

Envases más pequeños para tratamientos más ajustados

La prescripción diferida no será la única medida que se aplicará en los próximos meses. La AEMPS también trabaja en la eliminación de los envases de 30 comprimidos de determinados antibióticos, que serán sustituidos por formatos de 20 unidades. El cambio afecta a 15 presentaciones de uso habitual, entre ellas algunos formatos de amoxicilina y fosfomicina. Los laboratorios ya han dejado de producir los envases de 30 comprimidos, aunque ambos formatos convivirán durante un periodo transitorio hasta que se agoten las existencias.

La modificación pretende adaptar mejor la cantidad de medicamento dispensada a las pautas de tratamiento recomendadas y evitar que se entreguen más comprimidos de los necesarios. También se incorporarán nuevos formatos pequeños, entre ellos presentaciones de 20 unidades de amoxicilina de 250 mg y de amoxicilina/ácido clavulánico de 500/125 mg y 250/62,5 mg.

Combatir las resistencias desde la atención primaria

Todas estas actuaciones forman parte de una estrategia más amplia frente a la resistencia a los antibióticos, uno de los principales problemas de salud pública asociados al uso inadecuado de estos medicamentos. En España, las resistencias bacterianas causan alrededor de 5.000 muertes al año, mientras que en Europa provocan más de 35.000.

El problema aparece cuando las bacterias desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a medicamentos que antes eran eficaces, haciendo que determinadas infecciones sean cada vez más difíciles de tratar.