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Maricarmen Abascal, el rostro del clamor social por la vivienda que desencadenó un adelanto electoral

  • Su desahucio prendió la llama de una oleada de movilizaciones masivas por la vivienda
  • Fue expulsada del piso en el barrio madrileño de Retiro en el que vivió durante más de siete décadas
Maricarmen Abascal, símbolo de las protestas por la vivienda tras su desahucio

"No he logrado defender mi casa, pero he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya", dijo Maricarmen Abascal tras abandonar el que había sido su hogar durante 71 años. Lo que ocurrió el 23 de septiembre, el desahucio en Madrid de esta mujer de 87 años con discapacidad, prendió la llama de una movilización por la vivienda que la tomó a ella como símbolo de un problema que lleva años haciendo mella en la sociedad española. A golpe de protestas ciudadanas y de una multitudinaria acampada en Sol, se logró que Maricarmen recuperara su vivienda del barrio de Retiro. Sin embargo, la anciana que ha sido el rostro de un clamor social histórico ha muerto este miércoles en el hospital Gregorio Marañón sin ver cumplido su deseo de volver a casa.

Fue en ese hospital madrileño donde pasó su primera noche tras el desahucio y todas las que le siguieron. La echaron de su casa en camilla, con una sábana cubriéndole el cuerpo, a los ojos de los centenares de personas que se agolparon a las puertas de su edificio tratando de evitar un desahucio que, aunque parecía imposible, ya se había convertido en inevitable. La anciana, que recibía una pensión de 1.400 euros con la que pagaba su alquiler en el número 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda cada mes, fue desahuciada en el cuarto intento, visiblemente deteriorada y rodeada de una multitud que le gritaba que no estaba sola, una proclama que no ha dejado de escucharse en las voces de las miles de personas que se han manifestado desde entonces.

La "solución ha llegado demasiado tarde", ha lamentado tras su muerte el Sindicato de Inquilinas, que la acompañó a lo largo de su larga lucha, y que ha denunciado una situación "absolutamente evitable tras un proceso torturante". "La han matado los especuladores", decía uno de los jóvenes acampados en Sol a TVE tras conocer la noticia. La anciana, comentaba otra manifestante, ha sido "la razón" por la que están ahí y su desahucio, un "punto de inflexión". Ahora se ha marchado "el símbolo", pero "la lucha continúa", aseguraba otro joven. Porque la de Maricarmen es solo una de las miles de historias que les empujaron a colocar sus tiendas en la plaza madrileña.

Un contrato de renta antigua y años de lucha

Maricarmen tenía 17 años cuando llegó a su piso de Alcalde Sainz de Baranda, donde creció y vivió durante siete décadas. Todavía guardaba el contrato que firmó su padre en 1956, que se subrogó a su madre tras la muerte de él en 1960 y, finalmente, a ella cuando esta falleció en 2005. "Mi casa ha sido mi vida y ahora tengo que dejarla atrás", lamentaba la anciana tras su desahucio, que llegó tras años de litigios con la inmobiliaria Urbagestión, la empresa que adquirió el inmueble en 2018 y llevó el caso a los tribunales en marzo de 2020.

"Son unos inhumanos. No se puede hacer vivir a una persona durante siete años con un machete en la nuca preparado para cortársela por puro afán de ganar dinero", afirmó Maricarmen sobre Urbagestión a TVE horas antes de su desahucio, en una entrevista en la que reconoció saber "perfectamente" el "cacao" en el que estaba metida. También expresó su voluntad de llevarse con ella todo lo que había a su alrededor. "Esto lo he construido yo. Cuando alquilas un piso, o cuando compras, compras paredes; pero la vivienda la hace uno mismo", sentenció la mujer, rodeada de sus enseres personales.

Durante el proceso judicial, Urbagestión alegó que la subrogación del alquiler de Maricarmen Abascal había caducado conforme a la ley de Arrendamientos Urbanos, pese a que hasta entonces continuaba en vigor con la conformidad del anterior propietario del piso. La conocida como LAU es una ley de 1994 que permite traspasar contratos de un arrendatario a otro, aunque establece límites y excepciones según las circunstancias del inquilino; aunque en ningún caso prohíbe todas las segundas subrogaciones.

Lo que sí recoge la LAU es el porcentaje de discapacidad exigido para prolongar el contrato hasta el fallecimiento del hijo subrogado, que establece en el 65%. Maricarmen llevaba años con un delicado estado de salud y se desplazaba en silla de ruedas, pero tenía una discapacidad reconocida del 50%. Aunque logró una primera victoria judicial, Urbagestión apeló ante la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo, que dio la razón a la empresa y, por tanto, permitió el desahucio.

Maricarmen espera a su desahucio

Maricarmen espera a su desahucio en su piso de Madrid Fernando Sánchez Fernando Sánchez / Europa Press

"Madrid ya no es Madrid"

Maricarmen Abascal responsabilizaba de su situación al Gobierno de Pedro Sánchez, del que dijo que parecía que no quería "enterarse de la cantidad de desahucios que hay a diario". Pero también a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y al alcalde, José Luis Martínez Almeida, a quienes acusaba de "cargarse la ciudad" en la que nació. "Me voy de Madrid porque Madrid ya no es Madrid. La gente de aquí ya no somos los madrileños, son los turistas que ves por la Gran Vía. Esto en lo que se ha convertido ya no es un barrio", declaró a TVE.

Las críticas de Maricarmen a los políticos en TVE antes de su desahucio

El suyo fue el desahucio que atrajo todos los focos y también la causa de que los días posteriores al suyo los medios de comunicación contaran cómo se sucedían otros muchos. La de Maricarmen, que vivía en la comunidad autónoma con el precio por metro cuadrado más alto, no es una realidad aislada; solo en el primer trimestre de 2026 se ejecutaron 4.005 desahucios en España, según datos del Consejo General del Poder Judicial, lo que significa una media de 44,5 cada día. En años anteriores, la cifra fue mucho mayor.

Tiendas de campaña por una vivienda digna

El 29 de septiembre, tres días después de que miles de personas plantaran sus tiendas de campaña en Sol, Maricarmen Abascal aceptó un acuerdo ofrecido por la empresa propietaria de su piso para regresar a él. Estaba previsto que volviera una vez le dieran el alta, con un contrato con una vigencia de ocho años cuyo coste no podía superar el 30% de los ingresos de la anciana, es decir, no más de los 500 euros que ya pagaba.

Sin embargo, aunque el acuerdo estaba sellado, Maricarmen ha muerto sin firmar ese nuevo contrato de alquiler, tal y como ha confirmado su abogada, Beatriz Duro. La letrada ha subrayado el "evidente" deterioro en la salud de su defendida y ha defendido que, de haberse suspendido el lanzamiento, "no estaríamos en esta situación". El primer intento de desahucio a Maricarmen fue solo hace un año y entonces era una persona autónoma, que se sumó a las protestas de pie, junto con el resto de activistas, gritando proclamas. En sus últimas apariciones, hablaba con dificultad y ya no podía caminar.

Homenaje a Maricarmen en Sol

Manifestantes en Sol tras la muerte de Maricarmen EFE/Juanjo Martín

Para entonces, el Gobierno ya negociaba contra reloj para sacar adelante los dos decretos que llevan su nombre y cuyo contenido se conocería días después. Ambos cayeron por falta de apoyos en el Congreso de los Diputados, lo que derivó en el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre. Ninguna decisión llevó a las miles de personas congregadas en Sol a abandonar sus posiciones. "Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro", les dijo Maricarmen en el último mensaje que les lanzó, en el que les animaba a seguir "hasta que el cuerpo aguante".

"Maricarmen vive, la lucha sigue", gritan allí ahora, convencidos de que su caso solo fue la semilla y de que aún queda mucho por hacer para que no haya "ni un desahucio más".