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Arturo Pérez-Reverte: "El Mediterráneo se está vengando de Europa, la está caotizando"

  • El escritor publica La hipótesis más peligrosa, su novela número 33
  • Un relato de aprendizaje y memoria a través del viaje de un padre y un hijo
Arturo Pérez-Reverte publica 'La hipótesis más peligrosa', su nueva novela
VANESSA GÓMEZ (Nápoles)

Como sucede en tantos ámbitos, las dimensiones no dan la medida de tu historia. Procida no llega a los cinco kilómetros cuadrados de extensión: isla frente a la costa de Nápoles es la tierra firme para poco más de 10.000 personas y mira alegremente al continente y al horizonte desde un friso multicolor de pueblo pesquero. La literatura italiana gozó a finales de los 60 de una novela, y después película, titulada La isla de Arturo de Elsa Morente. Transcurre en Procida, por la que esta mañana que debería de ser de otoño, aunque el verano con 25 grados no pliega velas, pasea otro Arturo, Pérez-Reverte.

Hacía dos décadas que no asomaba por aquí, aunque por Nápoles ciudad no deja pasar un año, nos cuenta. La tradición viene de lejos, de cuando era reportero, pero ese fue otro tiempo, otra vida incluso, hoy nos habla rodeado, literalmente, de Mediterráneo, de su nueva novela: La hipótesis más peligrosa. Concepto para navegantes, tierra adentro diríamos "ponerse en el peor de los escenarios", porque estar preparado puede ser la única oportunidad de salvarse.

Plano medio del escritor Arturo Pérez-Reverte con sombrero beige y chaqueta marrón en una terraza con vistas al mar y paisaje costero.

El autor presenta "La hipótesis más peligrosa" en la isla de Procida Jeosm @JEOSM

Una novela de iniciación

Reverte reconoce que su suerte ha sido tener maestros, ser adoptado por ellos: "Cuando vas con humildad y astucia encuentras maestros en todas partes". Ese papel en su novela se lo otorga a Asier Lerrant, el judío errante -del que no oculta su inspiración en un personaje ya transitado- al que el devenir le asigna ser una especie de correo marítimo, trasladando de un punto a otro del Mediterráneo arte robado. Ese personaje será brújula, carta náutica, el AIS (sistema utilizado por los buques para comunicar su posición) de un chaval de 16 años, Cal Gadea, con un mundo que, a diferencia de un océano, es perfectamente abarcable, delimitado por las paredes de su habitación y el paisaje de los videojuegos.

A Cal criado por su abuelos, huérfano de madre desde que nació, un hallazgo -como lo son todos, inesperado-, le lleva hasta el marinero, su padre. Y ahí emprenden un viaje que les conduce de un extremo a otro de ese mar. Lo menos importante es la ruta geográfica, la verdadera lección es la histórica. Pérez-Reverte confiesa que ha dedicado un año y medio a este libro, no solo a escribirlo sino a documentarse sobre los acontecimientos más notorios del continente, en su intención no estaba ser didáctico sino concentrarse en el relato.

Del transcurso de esos episodios se deduce lo obvio, la Historia son solamente hechos, no lecciones. "Somos tan idiotas", apunta Pérez-Reverte, "que creemos que la regresión no es posible". Lerrant, su personaje, no trata de convencer de lo contrario a Cal, pero sí procura dotarle de herramientas que le permitan afrontar el mundo, un mundo, señala el autor, que "cabrea a los jóvenes porque piensan que han vivido un fraude, que no les han educado para un mundo real".

El Mediterráneo, hoy

El Mediterráneo del siglo XXI arroja a sus orillas historias de desesperación, dolor y muerte, esa realidad, la de la inmigración, no es más que una cita en esta novela pero durante la charla con los periodistas Pérez-Reverte se explaya. "Se está vengando de Europa, está caotizando Europa (...) el Mediterráneo está ahora en Berlín, en Copenhague, en Londres (...) Cada frontera, patera, invasión, extiende el Mediterráneo". Asegura que vienen tiempos complicados y que la falta de cultura, de conocimiento, nos hace vulnerables, "más que hace un siglo, más que hace dos siglos, y eso me preocupa". Siente desapego por esta época que mira con interés, "a mí me educaron personas del siglo XIX", dice que es un escritor con más dudas que certezas y que eso le ayuda a afrontrar nuevos desafíos, aunque si sus vaticinios se cumplen, que los videojuegos se apropien del relato, no será él quien lo cuente, "es el soporte del futuro, el gran futuro de la narración está en el videojuego"

Invierte tanto entusiasmo en explicar su novela, sus ideas, como en disfrutar del paseo por esta isla, de contrastar si al grupo le ha causado la misma impresión. Arturo Pérez-Reverte tiene el mar dentro, embutido en su espíritu, como si un día hubiera dado un trago largo y pausado, y se le hubiera escurrido hasta un lugar profundo de donde ni puede ni quiere salir. "Fui educado en el concepto de Patria", pero sentencia "mi Patria es el Mediterráneo". Lo sigue navegando, aunque la edad le ha recortado tiempo de travesía, pero el vínculo es más fuerte que nunca.