La psicología de la solidaridad: ¿cómo funciona nuestro cerebro en momentos de catástrofe?

  • Ante una tragedia como la de Urda, las personas activan tres respuestas automáticas: huir, quedarse paralizado o ayudar
  • Desde la psicología y la sociología se describe qué nos impulsa a socorrer a desconocidos y si puede haber duelo
Los servicios de emergencia trabajan en el lugar de la colisión

Los servicios de emergencia trabajan en el lugar de la colisión en UrdaManu FernandezAP Photo/Manu Fernandez

Javier Villuendas

Aparte del trabajo de los servicios de rescate y sanitarios, desde el miércoles hemos conocido historias de pasajeros que iban en uno de los trenes accidentados en Urda y que han ayudado desde los convoyes, gente que ha llegado desde otros ferrocarriles varados a varios kilómetros que han ido a asistir o la historia del boticario Antonio García, una de las primeras personas en llegar al lugar de la desgracia y que relata "una escena trágica y dantesca". Accedió a la zona del Iryo y estuvo dos horas trabajando practicando primeros auxilios a heridos porque "hacía falta de todo".

¿Qué nos mueve a ayudar cuando todo estalla? En los primeros minutos de una tragedia, como la sucedida en el accidente ferroviario de Urda, el miedo puede paralizarnos o, al contrario, un impulso solidario nos puede empujar a actuar. Esta pieza explora por qué algunas personas dan un paso al frente, qué perfiles tienen, y también por qué otras se quedan bloqueadas o huyen, directamente. Porque hasta la parálisis es una reacción…

Esta reacción inmediata ante una catástrofe, la del farmacéutico de Urda, por ejemplo, no depende de los mecanismos automáticos que activa el cerebro para protegerse y también de su propia experiencia. Mónica Pereira, psicóloga experta en emergencias, distingue tres respuestas posibles ante una situación de peligro: la huida, la parálisis y el afrontamiento, que incluye actuar para resolver el problema y ayudar a los demás, como hizo Antonio García.

"Son respuestas no racionales sino automáticas. Las personas que entran a ayudar a otras personas, en modo ataque, normalmente son personas que puedan trabajar en profesiones de cuidado, como policías, bomberos o sanitarios aunque no estén trabajando en ese momento. Digamos que tienden a ir hacia el problema en lugar de escaparse de él", describe Pereira.

El duelo del que ayuda

Y aquí habría que hablar de que puede surgir un vínculo emocional con las personas a las que intentan ayudar y salvar aunque veas fallecer: "Has creado una mini relación, entonces ahí sí que va a haber un proceso de duelo muy cortito, va a haber un proceso de pena y de dolor de una persona con la que has compartido algo, de repente la has perdido, no la has podido salvar. Por ejemplo, el boticario que hemos visto que ayudó a una persona que estaba diciendo ‘Dios es bueno’", explica Carlos Hernández, sociólogo y trabajador social experto en duelo.

Pereira también se acuerda de las otras dos reacciones aparte de ayudar: "Luego están las personas que quedan en shock. Esto es un perfil más variado. Es una respuesta de supervivencia para protegerse de un posible peligro y buscar una respuesta adecuada", cuenta la psicóloga. Y luego estarían las que huyen, que es puro instinto de supervivencia. Las tres son respuestas automáticas. Nadie se para y dice: ‘Bueno, ¿qué hago?'. No se piensa, se actúa".

En las situaciones extremas entran en juego dos instintos que están en continua lucha: el de supervivencia individual y el de supervivencia del grupo. Cuando predomina el primero, la reacción puede ser alejarse del peligro para ponerse a salvo; cuando pesa más el segundo, la persona tiende a arremangarse y cuidar de los demás. "Voy a tender a ayudar, a cuidar, porque no importo tanto como el propio grupo", resume la psicóloga.

Personas orientadas al otro

Hablamos aquí de los minutos inminentes tras la catástrofe, pero también están los vecinos que hacen traslados en sus coches a centros de salud, cocinan, llevan agua… "Aquí ya hay una toma de conciencia y cuenta más la personalidad. Las personas que ayudan son las que están más orientadas al otro, una persona que en su vida cotidiana es autocentrado y egoísta no se le va a ocurrir hacer comida o que pueda alguien necesitar su ayuda. Por ejemplo, las madres tienen a estar entrenadas en observar las necesidades ajenas como si tendrán para comer o frío, que fue lo que pasó en Atocha, por ejemplo, en el 11M", señala la psicóloga.

Y otro aspecto a valorar. A diferencia de las personas que por su voluntad se ponen a ayudar inmediatamente cuando ha ocurrido una tragedia, el experto en duelo señala que los profesionales de emergencias realmente desarrollan mecanismos de autoprotección para poder seguir actuando sin quedar bloqueados por el sufrimiento ajeno, un 'protocolo' que no siempre tienen quienes intervienen espontáneamente.

"Hay muchas profesiones, tipo bomberos o funerarias, que en algunas entrevistas hemos detectado no que no tengan empatía, pero sí que tienen una protección que les permite actuar fríamente y desde la distancia, precisamente para luego no tener esa empatía, esa lástima, y trabajar en el futuro. Son medidas de autoprotección que son tremendamente útiles para la salvación de la gente", dice Hernández.

Y a esto se suma que quienes ayudan a las víctimas pueden desarrollar un vínculo emocional que haga más dolorosa su pérdida, como hemos comentado, pero aún habría incluso un duelo colectivo que afecta a toda la sociedad, que de alguna manera también ha perdido la seguridad en los viajes ferroviarios y, además, tiene 'espíritu ayudador' por su empatía con la tragedia. Porque, al final, "hay homenajes que hacemos todos de forma conjunta", concluye el especialista.