La vida después del volcán en La Palma: cinco años de una reconstrucción incompleta
- 60 viviendas modulares y de madera, instaladas como una solución de emergencia, siguen ocupadas
- Para miles de palmeros, la vida que había antes de la erupción no ha regresado, y nunca lo hará
Durante 85 largos días, la isla de La Palma convivió con un volcán que escupía fuego y sonaba como un mar agitado de piedras. A ratos, el estruendo se convertía en explosiones tan violentas que hacían temblar los cristales de las ventanas e impedían conciliar el sueño. Cinco años después, muchos palmeros aún siguen escuchándolas.
El 19 de septiembre de 2021 comenzó la erupción del Tajogaite. Finalizó el 13 de diciembre, pero para miles de personas la vida anterior no ha regresado, y nunca lo hará. La lava sepultó 1.219 hectáreas y destruyó 2.988 edificaciones, entre ellas 1.345 viviendas. Arrasó 370 hectáreas de cultivos —principalmente plataneras, aunque también viñedos y aguacateros— y afectó a más de 70 kilómetros de carreteras. Alrededor de 2.000 palmeros perdieron su hogar.
Cinco años después, las heridas de la erupción más destructiva de la historia reciente de Canarias siguen presentes en la vida cotidiana del Valle de Aridane. Según Juan Fernando Pérez Martín, presidente de la Plataforma de Afectados por la Erupción del Volcán Cumbre Vieja 2021, el porcentaje de reconstrucción global ronda actualmente el 60%, por lo que aún queda mucho trabajo por hacer.
La recuperación de la normalidad avanza, aunque a un ritmo más lento del esperado. Sesenta viviendas modulares y prefabricadas de madera, instaladas como una solución de emergencia, siguen teniendo inquilinos. Son hogares improvisados que se levantaron como una solución de emergencia, pero siguen acogiendo a quienes aún no han podido recuperar una vivienda estable, cuya vida ha quedado suspendida en un compás de espera que parece no tener fin. "Los contenedores son un cementerio. Entras y empiezas a verlos vacíos, en silencio… Eran provisionales, para un año, igual que las casas de madera, y ya llevamos cinco", describe Pérez Martín.
De los 85 contenedores instalados en Los Llanos, aún quedan 39 con inquilinos. En las casas de madera de El Paso se reparten el resto de realojados. Siguen viviendo allí porque no han podido completar el proceso de reconstrucción de sus hogares destruidos, o porque su situación les impide acceder a un alquiler cuyos precios se han desbocado, o porque perdieron completamente sus viviendas y las compensaciones recibidas no alcanzan para recuperar otra similar. También hay vecinos de Puerto Naos y La Bombilla que aún no han podido regresar a sus casas por la concentración de gases.
Imagen de archivo de las viviendas modulares instaladas en Los Llanos de Aridane. LUIS G. MORERA / EFE
Ahora, el objetivo es que esas viviendas precarias, una de las cicatrices más visibles del Tajogaite, desaparezcan por fin. En Los Llanos de Aridane se está construyendo un edificio de 53 viviendas públicas cuya finalización está prevista para diciembre. La prioridad será atender a las personas que todavía viven en contenedores y casas prefabricadas.
Pero incluso esa salida plantea nuevas incertidumbres. Goretti Álvarez, vecina de Todoque y afectada por la erupción junto a toda su familia, cuenta que su madre, de 97 años, vive todavía en uno de estos contenedores, adaptado para que pueda desplazarse con su silla de ruedas. Después de varias mudanzas, una nueva antes de instalarse en una ubicación definitiva es algo que ni siquiera se plantea. Solo se movería de allí si finalmente recibe una de las 53 viviendas públicas en construcción. Junto a ella vive también otra hija, hermana de Goretti, que ha sido su gran apoyo durante este tiempo. Ahora temen que una solución que no tenga en cuenta a madre e hija ponga en riesgo ese cuidado.
La historia de los contenedores es también la historia de la reconstrucción inacabada del Valle de Aridane. Muchos de sus habitantes se encuentran con una acuciante escasez de albañiles y otros profesionales, desbordados por la demanda disparada. A este hecho se suma el coste creciente de los materiales y del suelo. Para aquellos que recibieron dinero para reconstruir, explica Goretti, el problema ya no es únicamente disponer de una indemnización suficiente. También hay que conseguir terreno, contratar trabajadores y asumir un coste de materiales que aumenta de semana en semana.
Las ayudas han sido uno de los puntos más controvertidos de la reconstrucción. Juan Fernando Pérez Martín sostiene que durante los primeros años llegaron "por goteo", tanto por parte del Gobierno central como del de Canarias, y que esa sucesión de pagos parciales dejó a muchos afectados atrapados en una situación de incertidumbre. En su propio caso, que considera paradigmático, asegura que una tasación privada estipuló en 550.000 euros el valor de la vivienda adaptada que perdió en Todoque, mientras que la valoración utilizada posteriormente por la Administración fue de 374.000 euros. La diferencia, sostiene, le ha dejado sin capacidad para recuperar lo que tenía antes del volcán.
Obras de reconstrucción de la carretera LP-2 sobre las coladas del Tajogaite, a comienzos del pasado agosto. LUIS G. MORERA / EFE
En septiembre de 2025, el Parlamento de Canarias aprobó por unanimidad la Ley de Volcanes, la primera norma de este tipo en España. Entre sus objetivos, el texto busca garantizar la suficiencia de las ayudas a los damnificados y agilizar su recuperación económica ante una catástrofe volcánica.
Goretti Álvarez reconoce que las últimas medidas derivadas de esta ley han supuesto un alivio. Explica que el cambio en el sistema de compensaciones ha permitido distribuir las ayudas de forma diferente según cada caso, en lugar de aplicar un criterio único para todos los afectados. "Las ayudas están llegando, y además de una manera mucho más justa", considera.
La vivienda, la gran deuda pendiente
De todos los frentes abiertos, el de la vivienda es la gran deuda pendiente de la recuperación. No solo por las casas que se perdieron bajo la lava, sino porque la crisis inmobiliaria que ya existía antes de la erupción se ha agravado durante estos cinco años en una isla donde la disponibilidad de suelo y de viviendas es limitada.
La presión se percibe especialmente en los municipios que concentraron buena parte de la población desplazada. En Los Llanos de Aridane, el más poblado de La Palma, el precio de la vivienda ha pasado de 1.358 euros por metro cuadrado en agosto de 2021 a 2.543 euros en julio de 2026, un incremento del 87,3% en menos de cinco años, según los últimos datos disponibles del portal inmobiliario Idealista. Con los alquileres sucede algo parecido. Los precios, que antes de la erupción se movían habitualmente en una franja de entre 300 y 400 euros mensuales, se sitúan ahora en torno a los 600-800 euros, con casos que superan los 1.000.
Para muchas familias palmeras, duplicar en cinco años el precio de compra o de alquiler supone una carga insostenible para su economía doméstica.
Otra de las cicatrices de la erupción sigue abierta en zonas donde la amenaza ya no viene de la lava, sino de los gases. En Puerto Naos y La Bombilla aún quedan vecinos que no pueden volver a sus hogares porque las concentraciones de gases volcánicos obligan a monitorizar la zona antes de autorizar cualquier regreso.
El balance, sin embargo, también tiene avances importantes. De las 1.250 viviendas que hubo que abandonar en un primer momento por la presencia de gases, unas 1.200 ya se han podido recuperar. Para Álvarez, la reapertura de buena parte de Puerto Naos —el principal centro turístico de la isla— ha sido una de esas muestras de normalidad que tanto necesitan los palmeros. "Son pequeñas batallas que vamos ganando", valora.
La localidad de Puerto Naos es el principal núcleo turístico de la isla de La Palma. LUIS G. MORERA / EFE
En las comunicaciones también hay avances, aunque con mucho trabajo aún por delante. La reconstrucción de la carretera LP-2, en el tramo que la erupción dejó sepultado y que llegó a estrangular la conexión entre Fuencaliente, Mazo y el Valle de Aridane, ha superado ya el 30% de ejecución. La previsión es que las obras concluyan en el primer cuatrimestre de 2027.
"Muertos en vida"
El impacto psicológico es otra de las grandes heridas que ha dejado el volcán. Juan Fernando Pérez Martín asegura que numerosos afectados continúan en tratamiento psicológico y médico, incluido él mismo. "El volcán no dejó muertos, pero sí muertos en vida", afirma, y denuncia que esta "segunda emergencia" quedó relegada cuando terminó la erupción.
Goretti Álvarez mantiene que la experiencia ha cambiado también la forma de los palmeros de mirar a su isla. Vivir en La Palma, recuerda, es hacerlo en una isla volcánica y la prevención debe formar parte de esa realidad, desde el aseguramiento de las viviendas hasta la preparación de los servicios de emergencia. "¿Qué nos pasó a nosotros? Que no teníamos miedo del volcán, porque hasta el Tajogaite todos habían sido beneficiosos, porque nos daban terreno", mantiene. También considera necesario reforzar la atención psicológica una vez superada la fase aguda de la catástrofe: "Sigue quedando la emergencia emocional, que tarda años, y de la que vamos a tardar aún mucho en sanar".
"Esperemos que para el siguiente volcán salga la cosa mejor", asegura esta vecina de Todoque, apelando al humor como herramienta para sobrellevar unas heridas que, cinco años después, siguen abiertas.