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Yemen, al límite: el imparable avance hutí acorrala a Riad e impacta en el comercio global

  • Riad pide ayuda a Washington, pero Trump se resiste a bombardear a los hutíes como en 2025
  • El recrudecimiento de la guerra amenaza la estabilidad del Golfo y a uno de los países más pobres del mundo
Estados Unidos niega la ayuda a Riad y descarta abrir un nuevo frente

El teléfono ha sonado dos veces en Washington, pero al otro lado de la línea, la respuesta ha sido un "no". El príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, ha contactado con Donald Trump pidiendo, sin éxito, reeditar los bombardeos estadounidenses contra los rebeldes hutíes que ya se produjeron en 2025. En las últimas semanas, Riad mira a su alrededor y constata una cruda y solitaria realidad: Estados Unidos no acude al rescate de Arabia Saudí. Pero tampoco lo hacen Turquía o China, con quienes ha firmado grandes acuerdos recientemente.

Y mientras las potencias miran hacia otro lado, en Yemen, uno de los países más pobres del mundo y cuya población no conoce la paz desde 2014, el recrudecimiento de la guerra civil amenaza con arrastrar a Oriente Medio a una escalada sin retorno. Riad ha reconocido haber interceptado drones y misiles de los hutíes, después de que una densa columna de humo negro ya teñía el cielo de la capital saudí, muy cerca del aeropuerto internacional Rey Jalid.

El pasado sábado, la milicia yemení ha asegurado haber golpeado tanto el corazón político de Arabia Saudí como las instalaciones de la petrolera estatal Aramco (la mayor del mundo) en la costa occidental del país. Un desafío de primer orden que el portavoz militar de los insurgentes, Yahya Sari, se ha apresurado a capitalizar en un comunicado, alardeando de haber ejecutado "dos operaciones militares exitosas utilizando un gran número de misiles balísticos y de crucero, así como drones".

La milicia chií, aliada de Irán, avanza sin obstáculos en su ofensiva militar. Su objetivo va mucho más allá de controlar territorio: buscan plantar cara a la política estadounidense en la región y erigirse, de facto, como un poder soberano e incontestable. En las últimas semanas, han despojado al Gobierno yemení, apoyado por la coalición para Yemen liderada por Riad, de enclaves absolutamente estratégicos: las ciudades de Moca y Dhubab, así como las islas de Perim o el archipiélago de Hanish.

Todas estas posiciones arrebatadas se asientan a ambos lados del estrecho de Bab el Mandeb, la codiciada llave de paso que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén. Por este estrecho cuello de botella transita casi el 10 % del suministro mundial de petróleo y una cuarta parte del transporte global de contenedores.

Además, "estamos hablando de algo mucho más determinante, como por ejemplo el tráfico de grandes contenedores con material textil, cemento, material de construcción, con productos básicos para todo lo que es el ámbito europeo-asiático", explica a RTVE Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid. El analista advierte del error de reducir el problema al petróleo. "El cierre de este estrecho supondría un desastre sin paliativos para el tráfico marítimo internacional y para la economía en su conjunto", concluye.

La "aparente" debilidad de Estados Unidos

El éxito sobre el terreno de los hutíes, que ahora avanzan hacia Taiz, la tercera ciudad más poblada, y hacia Marib, bastión del gobierno yemení, se explica por una lectura astuta del tablero regional y mundial. Aprovechan de forma táctica el fortalecimiento de Irán y la aparente debilidad de Estados Unidos.

Exhiben un equipamiento militar cada vez más sofisticado, gran parte de él perteneciente antes a los Emiratos Árabes y a la propia Arabia Saudí, y demuestran ser capaces de mirar a otras potencias internacionales "de tú a tú". De hecho, según fuentes estadounidenses, la milicia habría llegado a mantener reuniones directas con EE.UU. en busca de reconocimiento de su autoridad y soberanía.

Los rebeldes se sienten cada vez más fortalecidos, exhibiendo sus trofeos militares como un mensaje directo a sus adversarios. La milicia ha logrado apuntarse un revés de gran valor táctico y mediático para Riad: el derribo de un caza F-15 de Arabia Saudí. Según desveló Abdul Qader al Murtada, presidente del Comité Nacional para Asuntos de los Presos del movimiento rebelde, la aeronave fue abatida el pasado miércoles sobre los cielos de la disputada provincia de Marib. Este suceso ha desatado una silenciosa, pero intensa búsqueda por parte de las autoridades saudíes, que tratan ahora de recabar información, a contrarreloj, sobre el paradero y el estado de los dos pilotos que tripulaban el caza.

Pero este despliegue de fuerza tiene un reverso profundamente humano y desgarrador. "El 60 % de los yemeníes que viven bajo el control hutí están al borde de la hambruna. Los hutíes han destruido la economía, y el único empleo, y esto fue intencionado, disponible para que la gente sobreviva es unirse al ejército hutí", argumenta a RTVE Abdulghani Al-Iryani, investigador sénior en el Centro de Saná.

Lo cierto, explica el analista yemení, es que la población no es leal a Irán, tiene diferentes ramas religiosas y es esencialmente antihutí. De hecho, Al-Iryani describe un régimen de terror impuesto sobre un país de mayoría suní. "Son una combinación del control total norcoreano y la militancia talibán; de hecho, son mucho más militantes que los talibanes, y básicamente han sometido al pueblo por la fuerza", denuncia. Los cientos de miles de combatientes reclutados, asegura, no están allí por convicción ideológica, sino "para sobrevivir y alimentar a sus familias".

El 'Plan B' hutí y la trampa saudí

Ante este escenario, Arabia Saudí busca desesperadamente una salida "elegante" al conflicto para evitar ser arrastrada a una guerra abierta que no desea. Sin embargo, Riad es presa de sus propias decisiones pasadas. "Arabia Saudí está involucrada de forma directa en el conflicto yemení desde que se inició la intervención en 2015", recuerda Gutiérrez de Terán. Pese a treguas pasadas, "ha seguido armando, financiando y apoyando a las tropas regulares", añade.

Al-Iryani revela que en 2023 existía un acuerdo tentativo "muy favorable para los hutíes" que consistía en un alto el fuego y el inicio de negociaciones. Sin embargo, el comienzo de la guerra en Gaza, el 7 de octubre de 2023, lo dinamitaron. "Los hutíes comenzaron a luchar en apoyo a Gaza, y eso supuso una ruptura técnica del alto el fuego", explica el investigador. Al no poder presionar a Riad para volver a aquel acuerdo inicial, la milicia optó por su plan de contingencia.

"Siguieron el escenario B, que es escalar a nivel interno e ir a por Bab el Mandeb para ganar tanta influencia como sea posible para negociar con los saudíes, y al mismo tiempo ayudar a sus aliados, los iraníes, provocando una escasez en la producción y exportación de petróleo", dice el investigador del centro de Saná. Este domingo, un alto mando de la milicia ha asegurado que solo atacarán buques de la monarquía del Golfo y excluyen a Washington y a otros países en el estrecho de Bab el Mandeb.

Unas camionetas que exhiben retratos de un combatiente leal a los hutíes pasan durante su funeral, tras haber muerto en combates recientes en Saná.

Unas camionetas que exhiben retratos de un combatiente leal a los hutíes pasan durante su funeral, tras haber muerto en combates recientes en Saná. Mohammed Huwais / AFP

Esta asimetría, atacar a pequeña escala, reducir el tráfico y bloquear lo suficiente para aumentar los costes de los adversarios, es el núcleo de su estrategia. La cúpula rebelde, según Gutiérrez de Terán, necesita esta "tensión permanente" y movilización continua para "seguir teniendo legitimidad" en una población que, si bien resiente el control opresivo hutí, es también "antisionista" y contraria a la política exterior estadounidense.

El difícil camino hacia la paz

En Occidente, la narrativa predominante suele reducir a los hutíes a meros delegados de Teherán. El profesor Gutiérrez de Terán es tajante al desmentir esta simplificación. "Se suele decir que los hutíes actúan al dictado iraní; no es así. Ellos tienen su propia agenda", señala.

El principal drama que perpetúa el conflicto recae sobre la profunda fragmentación de quienes intentan hacerles frente. Mientras los hutíes cuentan con un mando "muy, muy efectivo", las fuerzas aliadas a Riad carecen de dirección unificada. El profesor de la UAM apunta a un sur donde existe "un gobierno que es inoperante en muchas provincias", "milicias armadas de corte diverso" que disputan la hegemonía entre sí, y apoyos internacionales muchas veces contrapuestos entre Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos. Todo ello crea un escenario donde, como matiza este experto, no existe "un ambiente propicio para unas verdaderas negociaciones de paz".

Mientras, la población yemení sigue atrapada en un conflicto enquistado. "Los yemeníes han tenido guerras civiles antes, y normalmente son cortas; la única razón por la que esta guerra se ha prolongado es por la interferencia de los actores regionales: los iraníes del lado hutí, y los saudíes y los emiratíes del lado del gobierno oficial", reflexiona Abdulghani Al-Iryani.

Según el investigador, la diplomacia saudí prefiere esperar a que se rebaje la tensión entre EE.UU. e Irán, calculando que, en ese escenario posguerra, Teherán tendrá que hacer concesiones y será más fácil negociar sobre Yemen. Sin embargo, la verdadera paz pasa por factores internos. "Creo que la guerra terminará cuando los saudíes traten al gobierno yemení con respeto y confianza, y cuando el gobierno yemení ponga fin a su corrupción y se tome en serio la conducción de sus operaciones", añade. Solo así, constituyendo una "disuasión creíble", los hutíes abandonarán las armas para sentarse a negociar.

Personas desplazadas fuera de su tienda de campaña en el campamento de desplazados de Al-Farsi en Ras Imran, en el suroeste de Adén.

Personas desplazadas fuera de su tienda de campaña en el campamento de desplazados de Al-Farsi en Ras Imran, en el suroeste de Adén. Mohamad Hakim / AFP

Hasta ese lejano día, el hambre de un pueblo seguirá siendo el daño colateral de un pulso militar en una nación desangrada cuya población no sabe lo que es vivir en paz desde el año 2014. Esta guerra se libra sobre las ruinas de uno de los países más pobres del planeta.

Las cifras de la ONU dibujan una realidad asfixiante: el 83 % de los yemeníes sobrevive asfixiado bajo el umbral de la pobreza. Es un drama crónico que no deja de agravarse con cada nueva escalada bélica, un recrudecimiento continuo de los combates que ya ha vuelto a fracturar miles de familias, forzando el desplazamiento de más de 76.000 personas que huyen a la desesperada del fuego cruzado, tal y como alerta la Organización Internacional para las Migraciones.