La caída en picado de las relaciones entre Alemania y la Rusia de Putin
- La guerra de Ucrania puso fin al pragmatismo económico de Merkel y Schröder
- Moscú estrecha lazos con los ultras de Afd, partidarios de restablecer las compras de gas y petróleo rusos
"AfD es el partido del sentido común", opinaba en sus redes sociales Kiril Dmítriev, el enviado del presidente ruso, Vladímir Putin, para temas económicos, cercano al presidente y que desempeña un papel clave en las negociaciones de paz en Ucrania, auspiciadas por Estados Unidos. Así comentaba unas declaraciones del colíder del partido ultraderechista alemán en las que se mostraba partidario de levantar las sanciones contra Rusia. "Son inútiles y, sobre todo, han dañado masivamente a la propia economía alemana", decía Tino Chrupalla.
El Kremlin guardó silencio ante la arrolladora victoria de AfD en las regionales de Sajonia-Anhalt, pero en Rusia no ocultan su cercanía con el partido alemán, con el que comparten además ideología ultraconservadora. Una delegación de eurodiputados de AfD participó en junio en el más importante foro económico del país, el de San Petersburgo.
"Me gustaría ver más BMW en las calles de Moscú y San Petersburgo y menos Geely y Haval [marcas de coches chinas]", decía Petr Bystron. Una llamada abierta a regresar al pragmatismo económico que marcó durante más de dos décadas las relaciones entre Rusia y Alemania. Pero AfD parece ignorar un hecho relevante: la guerra a gran escala lanzada por Moscú contra Ucrania en febrero de 2022. Ese fue, precisamente, el detonante de un giro geopolítico radical por el que Berlín y Moscú pasaron de socios a enemigos.
La era del pragmatismo
Vladímir Putin lleva más de un cuarto de siglo en el poder, como primer ministro y como presidente. Cuando llegó al Kremlin, el canciller alemán era el socialdemócrata Gerhard Schröder. Se hicieron amigos.
A Putin incluso le invitaron a dar un discurso en el Bundestag. Fue el 25 de septiembre de 2001, poco después de los atentados terroristas del 11-S. El jefe del Kremlin intervino en alemán, lengua que domina desde sus tiempos de espía del KGB en Dresde. El Putin de entonces decía que Rusia era "una nación europea amiga", que tenía como objetivo primordial "la paz estable en el continente europeo". A nivel interno, prometía "garantizar los derechos y libertades democráticas, la seguridad y un nivel de vida digno".
La buena relación con Schröder ha aguantado el paso del tiempo. Se acaban de ver en Rusia, en una de las residencias del jefe del Kremlin, con motivo de su 74 cumpleaños.
Putin y Schröeder en el cumpleaños del líder ruso el 7 de octubre de 2026 CANAL OCANAL OFICIAL DEL KREMLIN EN MAX
El gas y el petróleo rusos baratos impulsaron la economía de la llamada locomotora europea. Los hidrocarburos siguieron fluyendo durante los cuatro mandatos consecutivos de la conservadora Angela Merkel (2005-2021). La canciller y Putin se podían comunicar tanto en alemán como en ruso. Merkel, criada en la RDA, habla la lengua de Pushkin.
En esos años hubo altibajos y situaciones de tensión. Algunas quedaron en anécdotas, como cuando Putin hizo entrar a su perro labrador negro Koni a una reunión con Merkel, que tenía fobia a los perros. Otros desencuentros tuvieron mayor trascendencia. En 2014 Rusia se anexionó Crimea tras las masivas protestas del Maidán que acabaron con la huida del país del entonces presidente prorruso Víktor Yanukóvich. Estalló la guerra del Donbás, que enfrentó al Ejército ucraniano con grupos separatistas apoyados por Moscú.
Nada de eso frenó la llegada de gas ruso a Alemania. Al contrario, iba a más. Entre 2018 y 2021, un consorcio, supervisado por el excanciller Schröder y participado por la gasista estatal rusa Gazprom y la empresa alemana E.ON AG, se encargó de la construcción del gasoducto Nord Stream 2, un ambicioso proyecto con el que pretendían bombear hasta 55.000 millones de metros cúbicos de gas desde Rusia a Alemania a través del Báltico.
La guerra de Ucrania lo cambia todo
El Nord Stream 2 no llegó a entrar en servicio. El 22 de febrero de 2022, tras el reconocimiento de Putin de la independencia de las repúblicas separatistas del Donbás, el canciller socialdemócrata Olaf Scholz ordenó paralizar la entrada en operación del gasoducto que estaba destinado a alimentar con gas ruso a precios muy competitivos la industria alemana.
Unos meses después, con la guerra de Ucrania ya lanzada, Nord Stream 1 y 2 fueron objeto de un sabotaje con explosivos submarinos que provocaron una enorme fuga de gas. Ucrania y Polonia acusaron a Rusia de volar su propia infraestructura. El proceso está bajo investigación judicial, pero a día de hoy la Fiscalía de Alemania acusa a agentes ucranianos vinculados al Ejército, los cuales, sostiene, seguían "órdenes de las autoridades estatales ucranianas" cuando hicieron estallar el Nord Stream.
Bajo el mandato del canciller Scholz, Berlín se convirtió en el mayor suministrador individual en Europa de apoyo militar y financiero a Kiev. Les han dado, entre otros, tanques Leopard, obuses, munición para artillería y defensas antiaéreas. Ya con el canciller Merz, Alemania y Ucrania firmaron un acuerdo de asociación estratégica en defensa para fortalecer la cooperación militar y tecnológica. Berlín también ha multiplicado, como el resto de países europeos, su propio gasto militar. Es necesario, dicen, para defenderse de la amenaza rusa.
Acusaciones de "guerra híbrida"
"Alemania ha iniciado una guerra de verdad contra Rusia", afirmaba el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, sobre las medidas de represalia tomadas por parte del Gobierno alemán tras acusar a Moscú de estar detrás del incidente ocurrido en agosto en el aeropuerto de Leipzig. Un aparato no tripulado cargado de explosivos intentó hacer estallar un avión de carga ucraniano, pero no llegó a detonar.
La respuesta de Alemania fue cerrar el consulado general de Rusia en Bonn (el único que seguía abierto en el país) y la Casa Rusia de Berlín. Moscú aplicó después una medida espejo: el cierre del consulado general de Alemania en San Petersburgo y de todos los centros culturales Goethe del país.
Hasta Vladímir Putin comentó la polémica del dron de Leipzig, calificando esa acusación de un intento de desviar la atención. "Creo que está vinculado principalmente a la situación política interna en Alemania. La posición política del canciller Merz es precaria. No goza de la confianza de los ciudadanos. No está claro por qué se plantean todas esas acusaciones. Pero solo hay una explicación: la necesidad de contrarrestar a una Rusia agresiva. Pero, ¿dónde están las pruebas? Bueno, ellos mismos han fabricado las pruebas”.
Unas palabras que el jefe del Kremlin pronunciaba en vísperas de las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt donde los sondeos ya anticipaban la victoria de la AfD. Tras otro proceso electoral regional, el de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el Kremlin vinculaba la nueva victoria del partido ultra con la decisión de Berlín de dejar de comprar gas ruso para sustituirlo por el estadounidense, que es más caro. "Naturalmente, los alemanes, una parte de los alemanes al menos, buscan una alternativa a las autoridades actuales para mejorar su situación. Se trata de un proceso natural", ha aseverado el portavoz Dmitri Peskov.
AfD es ya la segunda fuerza en Alemania y no para de crecer. De llegar a la cancillería, Vladímir Putin encontraría en ellos a un interlocutor mucho más favorable a sus intereses que los actuales líderes de los partidos tradicionales.