Pablo Álvarez soñaba de pequeño con convertirse en astronauta y ahora siente orgullo al haberlo logrado: "Es una felicidad enorme, también con mucha responsabilidad; eres de los pocos elegidos que van a tener esa oportunidad de salir del planeta, pero al final es también una recompensa a todos los años de esfuerzo, dedicación y trabajo duro". El leonés se ha graduado como astronauta de la ESA, la Agencia Espacial Europea (en 2022 fue seleccionado junto a otras 16 personas -12 de ellas de reserva-, de entre 22.500 candidatos), aunque asegura que no lo ha digerido del todo: "Estoy en una nube todavía".
Álvarez intervendrá en uno de los vuelos espaciales que la ESA va a desarrollar a la Estación Espacial Internacional (ISS) entre 2026 y 2030 y para ello se ha formado durante el último año: ha adquirido conocimientos de Biología, Mecánica Orbital, Medicina, Ingeniería Aeronáutica o ruso; y a partir de ahora le esperan entrenamientos en situaciones de emergencia, pilotaje de aviones o paseos espaciales y manejo de brazos robóticos en Canadá y Houston. A estas cualidades se une un entrenamiento físico "bastante exigente" que le servirá para contrarrestar la pérdida de masa ósea y muscular en la misión espacial de larga duración que tendrá que ejecutar, así como una exhaustiva preparación psicológica que le ayude a afrontar cualquier situación de urgencia y presión en un entorno aislado.
A pesar del esfuerzo realizado hasta ahora, el astronauta español reconoce que le falta trabajo por hacer: "Hasta que no me vea en el cohete de verdad, saliendo en dirección a la Estación Espacial Internacional, creo que todavía queda mucho camino por recorrer".