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Abrazar el duelo: cómo transitar la muerte de un ser querido

  • La psicóloga Ana de Luis nos ofrece en Tras la tormenta dinámicas para vivir el duelo y aprender a honrar los ciclos de la vida
  • Los expertos recomiendan respetar el proceso personal de cada individuo frente al duelo

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Persona colocando una rosa roja sobre una lápida de granito oscuro con inscripciones doradas en un cementerio.  Luz de atardecer.
Aunque el duelo tiene 5 fases, los expertos recuerdan que cada persona las vive con su propio ritmo e intensidad. ISTOCK

Decir adiós nunca es fácil. Nadie está realmente preparado para la muerte de un ser querido, y, sin embargo, tarde o temprano, todos nos vemos obligados a enfrentarnos a ella. Lo sabemos. La muerte irrumpe, sacude nuestro mundo y lo descoloca. Nos paraliza y nos arrastra a un camino incierto: el duelo.

Un camino donde los recuerdos pesan y el vacío es difícil de explicar. Queremos seguir adelante, pero algo nos ancla al pasado. El futuro parece inalcanzable y el presente duele. Aún así, "vivir el duelo es necesario para nuestra salud mental, emocional y física". No es una enfermedad ni tampoco algo que deba "curarse". "Es una reacción normal del cuerpo al tomar conciencia de una pérdida. Hay que atravesarlo, sentirlo y acompañarlo", explica la psicóloga Ana de Luis.  

Pero, ¿cómo avanzar sin perderse en la ausencia? En Tras la tormenta, Ana de Luis nos ofrece dinámicas para transitar esta delicada etapa y aprender a honrar los ciclos de la vida.

Aunque el duelo es un proceso personal, suelen reconocerse cinco fases por las cuales, todos, con mayor o menor intensidad, atravesemos al hacer frente a la muerte. "Son la negación, el anhelo, la rabia, la culpa, la tristeza y la desvinculación con el fallecido", enumera De Luis que, sin embargo, señala la importancia de respetar la experiencia de cada uno. "Lo primero es tener presente que cada persona vive el duelo con sus ritmos", recuerda.

Pero ese respeto no es lo único que allana el camino. Aunque difícil e incómodo, el atreverse a sentir es también clave. "Hay que vivir la pérdida, permitirnos llorar, aceptar que duele y experimentar todas las emociones intensas, desagradables y profundas". Eso sí, sin descuidarse. "Es esencial mantener el cuidado personal para que no nos falte nuestro sustento básico", explica la psicóloga.

Porque lo siguiente, dice, es "regresar al día a día". A la rutina. "Es duro, pero esa vuelta nos dará una cierta estructura en el proceso del dolor", resalta.

No obstante, volver al presente no significa borrar el pasado. Al contrario. Según De Luis, "mantener el recuerdo del fallecido a través de fotos, canciones, actividades u objetos nos permite conectar con el dolor y hacernos ver de qué manera se va transformando la relación con la persona que ya no está". Y para ello, por ejemplo, se pueden recurrir a tres actividades como la "carta continua", la "caja de la memoria" y "curar el corazón".

Actividad 1: la carta continua

"Consiste en ir escribiendo a diario, preferiblemente a la misma hora, una carta de despedida en la que expresemos todos los sentimientos", explica la psicóloga. Y no solo los amables, también los más desagradables. Aquellos difíciles de afrontar.

La duración del ejercicio será siempre personal. "Cada uno decide hasta dónde quiere escribir, al igual que con lo que hará con la carta después. Se puede quemar, guardar o convertir en una ofrenda", señala la experta. No hay una opción correcta o incorrecta, porque lo importante no es el destino de la carta, sino el proceso en sí. Hacer de este hábito algo diario es clave. "Dedicar ese tiempo cada día a escribir, como si estuviéremos conversando con esa persona, hace que la elaboración del duelo sea más liviana", afirma De Luis.

Incluso en aquellas ocasiones en las que "no apetezca o que no sintamos la necesidad de apuntar algo", es recomendable seguir con la actividad. "Al hacerlo diario nos damos el espacio necesario para que afloren emociones profundas que han de salir y que no estábamos notando", explica Ana de Luis.

Actividad 2: caja de la memoria

Lo mismo sucede con "caja de la memoria". Al finalizarlo, salen a la luz ciertos sentimientos escondidos pero necesarios de liberar.

Se trata de crear una caja de cartón decorada. "El ejercicio comienza con la misma decoración, como un trabajo de honrar a la persona que se ha ido y a nuestra relación con ella", indica De Luis.

El diseño, por tanto, es completamente libre: colores, pinturas, pegatinas, fotos, telas... "Es una expansión de la creatividad enorme y ayuda a elaborar el duelo. Sin darnos cuenta, cada pieza que añadimos, termina teniendo sentido. Se activa un lenguaje simbólico muy profundo en los seres humanos que nos ayuda a sanar y a liberar", señala la experta.

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De hecho, nos lleva a formularnos la pregunta clave: ¿Qué le gustaría a esa persona que hubiese dentro de la caja? "Desde esta cuestión se crea un espacio sagrado en el que depositamos con mucha conciencia objetos que nos conectan con su recuerdo", añade la psicóloga.

Actividad 3: curar el corazón

Aunque si se quiere algo más simbólico, se puede realizar el ejercicio de "curar el corazón". Es sencillo. Se dibuja un corazón en una cartulina o folio y, una vez hecho, se rompe. "En cada uno de los pedazos escribimos aquellas emociones que sentimos con respecto al momento que estamos transitando, con respecto a la pérdida, o a las emociones que sentimos cuando pensamos en quien no está", detalla De Luis.

Cuando el corazón esté tan lleno como roto, llega la fase de la reconstrucción. "Vamos pegando los pedacitos y, una vez que el corazón está reconstruido, escribimos los apoyos y recursos con los que contamos para sobrellevar esas emociones", relata la psicóloga. "Si en un fragmento hemos puesto "soledad", detrás podríamos escribir "un abrazo amigo", sugiere.

Porque el resultado final es un recordatorio. Es conseguir, literal y metafóricamente, un corazón recompuesto marcado por cicatrices visibles pero fortalecido por las herramientas que permiten transitar el duelo.