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El líder bielorruso, Alexander Lukashenko, ha sido reelegido para un histórico séptimo mandato en unas elecciones presidenciales marcadas por acusaciones de fraude y falta de transparencia. La oposición, que se encuentra en su mayoría en el exilio o encarcelada, ha denunciado irregularidades en el proceso electoral, mientras que la Unión Europea ha declarado que los comicios carecen de legitimidad. La vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras, Edith Rodríguez, ha explicado que Bielorrusia se ha convertido en "una de las mayores cárceles de periodistas del mundo", con profesionales encarcelados y un periodismo independiente prácticamente aniquilado. Rodríguez ha destacado que la denuncia presentada por RSF busca responsabilizar a Alexander Lukashenko y su régimen por la persecución masiva de periodistas, incluyendo detenciones arbitrarias, confesiones forzadas y desplazamientos forzosos. La situación en Bielorrusia es descrita por RSF como un "agujero negro informativo", con una libertad de prensa prácticamente inexistente. A pesar de ello, algunos valientes continúan informando desde la clandestinidad, arriesgando sus vidas para mantener viva la verdad.

El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, ha sido reelegido este domingo para un séptimo mandato al frente de la antigua república soviética con el 86,82% de los votos, según los resultados oficiales preliminares.

Lukashenko es el mandatario europeo que lleva más años en el poder, desde 1994, y seguirá en el cargo hasta 2030, igual que su principal aliado, el ruso Vladímir Putin, que fue reelegido en marzo de 2024 con un resultado similar.

FOTO: EP

En Bielorrusia, el presidente, Alexandr Lukashenko, seguirá otros cinco años al frente del país. Lleva tres décadas en la Presidencia. Ha conseguido más del 87% de los votos en las elecciones, según sondeos a pie de urna. La oposición está exiliada o en la cárcel.

Foto: El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko (PRESIDENCIA DE BIELORRUSIA)

La oposición bielorrusa acusa a Aleksandr Lukashenko de dirigir un estado policial. Él niega que haya presos políticos en Bielorrusia, para él son simplemente ciudadanos que han incumplido las leyes y como en cualquier Estado, dice, deben rendir cuentas.

También ha tratado de quitarle importancia a que tanto Estados Unidos como la Unión Europea no reconozcan estas elecciones ni a él como presidente legítimo. "Me importa cero", sostiene, "lo importante es que estos comicios los reconozcan los propios bielorrusos".

Saber si eso es así es casi imposible. En las cárceles hay unos 1.200 presos políticos, según las organizaciones de derechos humanos. Muchas personas se han ido del país y otros muchas no quieren hablar por miedo a represalias. El presidente bielorruso sí tiene el apoyo de una parte de la sociedad: los que están más preocupados por la estabilidad y el orden que por las libertades individuales.

Foto: EFE/ Ignacio Ortega

El esposo de Marina, Nikolai Statkiévich, es un conocido disidente bielorruso que cumple una condena de 14 años. Cuenta que le detuvieron, como a otros miles, en las protestas masivas contra Lukashenko de 2020, el año de las anteriores presidenciales. Según el recuento oficial, el que lleva siendo presidente desde 1994 ganó con más del 80%, todo un fraude según la oposición y Occidente. Desde el 9 de febrero de 2023 no tiene ninguna noticia de su marido se lamenta Marina. Son casi dos años sin visitas, ni llamadas ni siquiera cartas. Tampoco le entregan los paquetes que le manda con objetos básicos, como dentífrico o ropa interior a los que por ley todo preso tiene derecho. En los últimos meses Lukashenko ha indultado a unos 250 presos bajo condición de asumir la culpa y pedir expresamente el perdón presidencial. Un precio, cree Marina, que Nikolai, por sus fuertes convicciones, no está dispuesto a pagar.

Tras años de gobierno del partido conservador en Reino Unido hoy puede habar un cambio de ciclo. El laborista Keir Starmer va a convertirse, casi con toda seguridad, en el nuevo primer ministro en sustitución de Rishi Sunak. Hamás e Israel están negociando una nueva tregua. Otro de los puntos informativos está en Caracas, en Venezuela, donde ha empezado la campaña electoral, en Washington con la celebración del día de la independencia y con todos los ojos puestos en el presidente Joe Biden. Además hablaremos de la liberación de presos políticos en Bielorrusia y de una situación terrible que viven niñas indígenas en Perú y a las que están ayudando Manos Unidas.

2024 será un año excepcional en cuanto a ciclos electorales, ya que habrá comicios en 76 países"Más elecciones no significa más democracia", asegura Carme Colomina, investigadora sénior de CIDOB, que nos cuenta que en algunos países se tratará de calibrar el apoyo popular al líder y, en otros, "marcará la correlación de fuerzas globales". "Hay elecciones que definen guerras y conflictos", y señala que la calidad democrática ha sufrido 30 años de regresión y "está a los niveles de 1989". Sobre la inteligencia artificial, Colomina considera que 2024 será "el año de la regulación", a pesar de que existe un debate sobre cómo y quién debe regularla, ya que es una tecnología que está en constante transformación.

El principal aliado de Moscú, Bielorrusia, preocupa a sus vecinos de Polonia, Lituania y Letonia desde que comenzó la guerra, pero sobre todo, desde que miles de mercenarios del ejército privado Wagner, se han desplazado al país.

Polonia asegura que el objetivo del grupo allí es desestabilizar el flanco este de la OTAN.

Hablan de un posible enfrentamiento militar, pero lo que más temen ahora es que tanto el Gobierno bielorruso como los mercenarios ayuden a migrantes ilegales a cruzar las fronteras para desestabilizar Polonia. Una estrategia de la llamada guerra híbrida.

Minsk ha confirmado que su Ejército está recibiendo entrenamiento militar de miembros del grupo Wagner. Los militares bielorrusos no han participado en la guerra de Ucrania, pero los mercenarios ya han amenazado con cruzar la frontera y entrar en territorio OTAN con consecuencias inciertas. De momento, son solo provocaciones.

FOTO: Foto AP/Michal Dyjuk,

El grupo de mercenarios Wagner ha comenzado a entrenar tropas del ejército de Bielorrusia, país aliado de Moscú. La capacitación del ejército bielorruso se realiza en un campamento situado a 230 kilómetros de la frontera ucraniana y a unos 90 km de Minsk. Se trata de un remodelado ejército pagado por Rusia, con fidelidad al Kremlin, y un nuevo líder a propuesta del propio Vladímir Putin: Andrei Troshev, que está considerado como director ejecutivo del Wagner y uno de sus fundadores. Sedoi, su nombre de guerra, luchó en Siria y tiene algunas de las más altas distinciones militares de Rusia. Como Putin y Prigozhin, nació en San Petersburgo, donde tenía la sede central el grupo paramilitar.

El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, el mediador en la crisis en Rusia tras el enfrentamiento entre el presidente Putin y el jefe de los mercenarios de Wagner, ha bromeado sobre las bombas nucleares con su ministro de Defensa que le ha llevado una réplica de una bomba nuclear, la primera de la Unión Soviética.

Lukashenko que recientemente ha anunciado que su país alojará armas nucleares rusas, ha pedido a su minitro que dejara claro que era solo "una réplica, antigua, para que nuestros enemigos no se creyeran que estamos realmente contentos con las armas nucleares. Es sólo simbólico.